Grupo de Consumo Autogestionado de Jaén

22 June, 2018
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Estragoceno

El día 6 de este mes pude ver en la página web de una cadena televisiva las imágenes de un orangután corriendo sobre un gigantesco árbol talado para desafiar valientemente a la excavadora que trabajaba en la retirada de lo que ya era una simple mercancía. Este suceso es una pequeña muestra de lo que, desde hace décadas, está sucediendo en Indonesia. Una tala continuada de los bosques y selvas (en otras ocasiones, incendios provocados) para obtener tierras fértiles donde poner en marcha plantaciones de palma africana en régimen, nunca mejor dicho, de monocultivo. El fruto de la palma africana permite la extracción del aceite de palma, muy utilizado en la industria agroalimentaria y como ingrediente fundamental del biodiésel con el que llenamos los depósitos de nuestros automóviles.

La noticia referida aparece en una sección denominada ‘curiosidades’. ¿Seguro? En realidad, y científicamente hablando, lo correcto sería hablar de curiosidades muy habituales. De hecho, terriblemente habituales.

Como podemos leer en el informe ‘La distribución de la biomasa en la Tierra’ del Instituto Weizmann de Ciencias y del Instituto de Tecnología de California, publicado el pasado 21 de mayo, el surgimiento de la civilización humana ha causado la desaparición del 83% de los mamíferos salvajes que ahora solo representan el 4% del total de mamíferos terrestres. El otro 96% se reparte entre el ganado, que son el 60%, y el propio ser humano, que somos el 36%. Lo doméstico, al servicio de lo humano, ha acabado con lo salvaje.

La caza de grandes mamíferos cómo el mamut desde tiempos cavernarios para la alimentación de nuestra especie, hasta la caza actual para sesiones fotográficas pasando por el exterminio de los bisontes, es uno de los factores. Otro, fundamental, y el más beligerante en los últimos 50 años, es la expansión de la agricultura industrial, que a base de monocultivos como el de la palma, o el del maíz y el de soja para alimentación del ganado están acabando con el hábitat de las especies salvajes. Y no solo de mamíferos. El abuso de pesticidas en esta trágica manera de entender la producción de alimentos es responsable de la desaparición de muchos otros animales, como muchas especies de insectos y de aves. La pesca industrial, copia fidedigna de la agricultura industrial, es corresponsable de la pérdida del 80% del total los mamíferos marinos.

Pero, ¿y el árbol talado sobre el que vemos al orangután? Ese árbol en breve hecho celulosa o quemado en una central eléctrica también es una especie en extinción. El estudio contabiliza la pérdida del 50% de la biomasa total de las plantas.

Esta época geológica, donde el ser humano es el mayor condicionante de la vida en el planeta se la conoce como Antropoceno. Algunos autores buscan nombres que definan la raíz de esta situación y hablan del ‘Capitaloceno’, en referencia al capitalismo o ‘Faloceno’, pensando en el modelo patriarcal de dominación de la naturaleza. Yo me aventuro con otro muy realista, el ‘Estragoceno’, porque somos una plaga que todo lo destruye.

 

Gustavo Duch

2 June, 2018
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La basura será verdura

Me preocupa el despilfarro alimentario. Desde principios de esta década se está generando mucha información para denunciarlo. Así, ya sabemos que entre un 30 y un 50% de los alimentos producidos acaban en la basura; sabemos también que si el desperdicio de alimentos fuera un país, sería el tercer mayor emisor de gases de efecto invernadero; y que todo esto sucede mientras 815 millones de personas pasan hambre y el planeta sigue calentándose.

Pero no solo me preocupa la cantidad de alimento que no se aprovecha, también me preocupa, y mucho, el tratamiento que se hace de esta cuestión. Pareciera que solo hay dos culpables: al inicio de la cadena alimentaria, las y los agricultores que tiran sus tomates y mandarinas para que suban los precios y forrarse, y en el otro extremo, las y los consumidores, una pandilla de derrochadores sin conciencia. El actor que los conecta, los supermercados, sale prácticamente inmune.

Los datos que se manejan no son fiables, nadie audita el porcentaje que lanzan los supermercados pero no solo se trata de quién despilfarra más sino de qué factores lo provocan. Y es ahí donde queda claro que, en este sistema alimentario actual, el poder que ejercen los supermercados como amos y señores de la distribución, es el mayor responsable del problema.

Por un lado, porque marca los precios al sector productivo, tan bajos, que finalmente a este no le sale a cuenta ni vender, o bien porque marca estándares muy rigurosos que, como me contaba un payés de El Prat, provocó que ningún súper le comprara una magnífica campaña de calabazas por ser más grande de la norma. Por otro, porque además de haber hecho desaparecer al pequeño comercio donde era fácil comprar al detalle, cantidades precisas y sin envases, es un estimulador nato del compre dos y llévese tres o del paquete maxiahorro que, o no acabamos consumiendo o nos enferma de obesidad.

Tantas campañas centradas en culpabilizarnos no creo que sea casual. Con el alma en un puño cuando tenemos que tirar comida, nos cuesta mucho señalar con el dedo que la inmoralidad está básicamente en el sistema y sus grandes beneficiados. Nos tiembla el pulso si queremos explicar que la basura llegó de la mano de la alimentación industrial. Además, ver que la verdura y la fruta es algo que se puede echar a perder, de alguna manera, les está haciendo perder valor y lo que gana reconocimiento y adeptos es el alimento procesado que “nunca caduca”. Y ya verán como en breve tendremos campañas de la industria alimentaria con “alimentos contra el despilfarro” o nuevos transgénicos para obtener frutas y verduras no perecederas.

Pero si hay alimentos inmortales es porque no están vivos. Es una alimentación que se aprovecha del miedo a la muerte, en lugar de re-enseñarnos que es la muerte la que nutre la tierra de materia orgánica donde crecerán nuevos alimentos en un círculo infinito y virtuoso. Las campañas contra el despilfarro deberían centrarse en promover otra manera de consumir, con alimentos frescos, ecológicos, de proximidad.

Mortales y que deben volver a la tierra.

 

Gustavo Duch

 

 

 

 

 

16 April, 2018
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Pesticidas: repercusión en el medio ambiente, la salud y alternativas sostenibles

pesticidas salud

Comienza la primavera, y no solo nos trae flores y canto de pájaros. Como nos contaba Rachel Carson, es en esta época del año cuando nuestros campos se fumigan con pesticidas y otros productos fitosanitarios. Por ello, mediante este post, queremos informarte acerca de los efectos de estas sustancias químicas en el medioambiente y la salud, así como de los métodos alternativos que existen.

 Pesticidas, plaguicidas, herbicidas y biocidas: ¿qué son y en qué se diferencian?

 Atendiendo a las definiciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y su Glosario de términos fitosanitarios (1,2), y de la Organización Mundial de la Salud (OMS):

* Un pesticida, o plaguicida, es una sustancia o mezcla de sustancias destinada a prevenir la acción o directamente combatir una plaga, incluidas especies indeseadas de plantas o animales, o que pueda administrarse a estos para combatir ectoparásitos (pulgas, garrapatas, piojos, ácaros, entre otros); durante la producción, almacenamiento, transporte y distribución de productos agrícolas y sus derivados.

*Los herbicidas son productos fitosanitarios específicamente empleados para eliminar especies indeseadas de plantas, lo que comúnmente conocemos como «malas hierbas». Actúan interfiriendo en su crecimiento.

*Por último, los biocidas son sustancias químicas de origen natural o sintético o microorganismos utilizados para impedir la acción, contrarrestar o neutralizar organismos considerados nocivos para la salud pública y la agricultura, es decir, plagas; estos son las mencionadas malas hierbas (herbicidas), insectos (insecticidas), ácaros (acaricidas), moluscos (molusquicidas), roedores (rodenticidas), hongos (fungicidas) y bacterias (bactericidas y antibióticos).

Nota: Los términos «pesticida» y «plaguicida», como vemos, hacen referencia a una misma sustancia. Su definición engloba los biocidas, dentro de los cuales se hallan los herbicidas.

 Relación de los pesticidas con el medioambiente y la salud

pesticidas medio ambiente

Los pesticidas o plaguicidas son responsables de millones de casos de envenenamiento cada año, algunos de los cuales derivan en cuadros de intoxicación aguda que llegan a provocar la muerte.

Una persona puede estar expuesta a elevados niveles de plaguicidas en el lugar de trabajo, por ingesta directa de la sustancia o a través de los alimentos, o por contacto con el suelo, el agua o el aire contaminados.

El gran problema de los pesticidas es que, se sacan al mercado y tras varios años o décadas utilizándose se retiran (en el mejor de los casos) porque se ha comprobado que ocasionan daños a la salud humana.

El uso de pesticidas conlleva una serie de problemas para el medioambiente, tales como:

  • Contaminación del suelo y el agua, y contaminación atmosférica por contaminantes orgánicos persistentes (COPs).
  • Empobrecimiento del suelo de cultivo
  • Bioacumulación, o acumulación en organismos vivos.
  • Aparición de súper plagas
  • Reducción de la biodiversidad.

En lo referente a la salud humana, los principales riesgos de los pesticidas son:

  • Defectos de nacimiento.
  • Aparición de cáncer.
  • Afecciones del sistema nervioso y el sistema endocrino.
  • Propagación e inicio de la enfermedad de Parkinson (EP) (3).
  • Otras enfermedades crónicas.

España es el país europeo que más pesticidas emplea, superando las 40.000 toneladas anuales. Y los alimentos que se producen con estos plaguicidas conservan restos, de hecho, un informe (5) elaborado por Ecologistas en acción encontró restos de más de 30 pesticidas disruptores endocrinos en los alimentos analizados. Estos pesticidas disruptores endocrinos están asociados a cáncer de mama, próstata y tiroides, enfermedades de tipo metabólico (incluyendo diabetes y obesidad) y de tipo neurológico.

El principio activo que contienen la mayoría de los herbicidas es el glifosato. Los herbicidas no solo se utilizan en la agricultura convencional, además se utilizan herbicidas con glifosato en parques, jardines y bordes de aceras y de las carreteras.

pesticidas alimentos

Intoxicación infantil por plaguicidas

Es necesario enfatizar los riesgos que los plaguicidas entrañan para la población infantil, lactantes y niños, particularmente en los sectores rurales más desfavorecidos. El envenenamiento por plaguicidas es un serio problema de salud que afecta a los niños en forma desproporcionada, alerta un informe (4) elaborado conjuntamente por la FAO, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la OMS.

Para reducir los riesgos de intoxicación por plaguicidas en mujeres y niños, estos organismos recomiendan:

  • eliminar las vías de contacto en el hogar;
  • mantenerlos fuera del alcance de los niños y almacenarlos en recipientes seguros, etiquetados y cerrados;
  • reducir su aplicación mediante el manejo integrado de plagas (MIP);
  • capacitar a los profesionales de la salud para reconocer y tratar las intoxicaciones por plaguicidas;
  • capacitar a las personas para su uso y manejo adecuados, evitando el contacto;
  • campañas de información en los medios de comunicación;
  • la información ha de abarcar todo el ciclo del producto, los riesgos de su manipulación desde la fabricación hasta la aplicación y eliminación (siguiendo el Código Internacional de Conducta para la Distribución y Utilización de Plaguicidas).

Alternativas al uso de pesticidas

Lo más prudente es evitar o, cuando menos, limitar la exposición a los pesticidas usando los plaguicidas químicos menos tóxicos o recurrir a alternativas no químicas que se emplean en la agricultura ecológica y la agroecología:

  • Controles físicos

Policultivos (en lugar de monocultivos), rotación y asociación de cosechas, uso de «cosechas trampa» que atraen a la plaga para que no ataquen la cosecha principal.

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  • Controles químicos

Utilización de pesticidas y herbicidas con base biológica; derivados de sustancias naturales vegetales como piretro y análogos de hormonas juveniles de insectos.

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  • Controles biológicos y genéticos

Liberación de plaguicidas biológicos (hongos, bacterias, virus, etc.), feromonas o alteración del ciclo biológico del insecto por medio de la esterilización de los machos.

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  • Controles mecánicos

Como el agua caliente, que puede tener casi tan buen efecto sobre los pulgones como los plaguicidas.

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Lee ¿Cómo contribuye la agricultura ecológica u orgánica a proteger el medio ambiente?

Nota: El MIP o control integrado/integral de plagas (CIP) es una estrategia de agricultura ecológica que complementa gran variedad de métodos: físicos, químicos, biológicos, genéticos, mecánicos, legales y culturales para el control de plagas.

¿Puede la agricultura ecológica alimentar al mundo?

El empleo continuado e intensivo de pesticidas o plaguicidas y de herbicidas está degradando los suelos de cultivo mediante su contaminación y la pérdida de fertilidad, lo que provoca que cada vez haya menos tierra en la que poder producir alimentos.

Si utilizamos suelos enfermos para producir alimentos… ¿Cómo van a ser esos alimentos? ¿Qué efecto van a tener en nuestra salud?

Añadir que la utilización de plaguicidas en la agricultura es algo reciente, desde la (irónicamente) llama Revolución verde en 1968, la cual trajo de la mano problemas ecológicos (por contaminación de suelos, agua y alimentos) y sanitarios.

Ya hemos comprobado que la agricultura convencional no es la solución a la producción sostenible de alimentos, mientras que, por otra parte, la producción ecológica lleva alimentándonos 11.000 años. Este tipo de agricultura en lugar de empobrecer y contaminar los suelos lo que hace es mejorar su calidad y favorecer su fertilidad, algo clave.

Y sí, se puede producir alimentos para todos los habitantes del planeta, el problema es que se debe dejar de especular con los alimentos. ¿Sabías que más del 40% de los alimentos que se producen se tiran? Sí, sí, antes de llegar a supermercados y tiendas, casi la mitad de los aliemntos que se producen se tiran.

Los plaguicidas están diseñados para reducir o combatir las plagas de organismos que puedan suponer un perjuicio para la agricultura y la salud pública. Pero paradójicamente, su uso supone una seria amenaza, tanto para nuestra salud como para el medio ambiente.

Por suerte, la agricultura ecológica u orgánica sigue creciendo cada año, aumentando la superficie de cultivo en todo el mundo. Cada vez somos más los que queremos comer alimentos saludables, sin veneno y buscamos un entorno habitable que no esté contaminado.

Referencias citadas

  • 1 http://www.fao.org/faoterm/es/?defaultCollId=15
  • 2 http://www.fao.org/fileadmin/user_upload/faoterm/PDF/ISPM_05_2016_Es_2017-04-24_PostCPM12_InkAm_LRG.pdf
  • 3 http://www.abc.es/sociedad/20121130/abci-espanol-pesticipas-parkinson-201211301652.html
  • 4 http://drustage.unep.org/chemicalsandwaste/sites/unep.org.chemicalsandwaste/files/publications/POPs%20Pesticides_ChildhoodPestPois_Sp.pdf
  • 5 https://www.ecologistasenaccion.org/article33747.html
  • Imagen: Ecología Cancún

 

Extraído de https://www.ecoagricultor.com

11 February, 2018
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El hambre es campesina

En el informe “Compañía de aceite de palma tiene el apoyo de fondos de desarrollo”, elaborado por la organización GRAIN, aparecen fotografiadas dos nóminas de las mensualidades de los recolectores de las plantaciones que la empresa Feronia gestiona en la República Democrática del Congo. Están un poco arrugadas pero las cifras se pueden leer. Una corresponde a un trabajador que fue contratado por 12 días. La nómina del segundo marca un total de 17 días trabajados. Cada día trabajado se multiplica por un total de 1.751,78 CDF, la moneda local. Es decir, al cambio estamos hablando de un salario total mensual por jornadas de más de ocho horas recogiendo y cargando los frutos de la palma que oscila entre 21 y 30 dólares. A veces este pago es sustituido por la entrega de 8 litros de aceite de palma y 8 pastillas de jabón de palma. Feronia está controlando fraudulentamente estas tierras, y las personas que allí tenían sus cultivos para vivir ahora solo tienen dos opciones: trabajar para quienes los expulsaron o emigrar. Quién gana en esta operación son multinacionales como Unilever, principal cliente de Feronia, que con el aceite de palma produce su margarina Flora o su crema de marisco Knorr.

En mi libro “Secretos, relatos de mucha gente pequeña” explico que el joven Prince tuvo que marchar de su casa, en Ghana, cuando su padre se suicidó al ver que su trabajo de productor de tomates no permitía alimentar a la familia. Disponía de dos hectáreas de tierra para este cultivo y junto con su mujer los vendían bastante bien en el mercado de su ciudad, Navrongo, hasta que el gobierno, siguiendo instrucciones impuestas desde muy lejos, eliminó los aranceles a los tomates importados. Desde entonces el mercado está inundado de latas de tomates en conserva a precios por debajo del tomate local. Muchas de estas latas proceden de la región de la Pulla, en Italia, donde, tres años después de salir de Ghana, Prince trabaja como jornalero explotado, cosechando precisamente tomates.

El año 2016 una de las publicaciones científicas multidisciplinarias más citadas del mundo, la revista PNAS, publicó un estudio en referencia a las implicaciones del cambio climático en el conflicto de Siria. Establecía una relación entre las sequías sufridas por el país árabe en el periodo 2006-2011 y el origen del conflicto. “Llegamos a la conclusión que el cambio climático de origen antropogénico fue un factor que contribuyó a la sequía y, por lo tanto, a la cascada de acontecimientos posteriores, como el colapso del sector agrícola, la migración masiva y, en última instancia, el levantamiento que posteriormente acabaría en convertirse en una guerra civil”, explicó Colin Kelley, autor del estudio. La sequía, según los datos recogidos, provocó la pérdida del 60% de los cultivos, la muerte de más del 80% del ganado y la migración de millones de personas campesinas. De hecho, se calcula que un 56% de las personas que en el mundo viven situaciones de conflicto son habitantes de zonas rurales donde se depende de la agricultura como medio de vida.

Estas tres situaciones (acaparamiento de tierras, libre comercio y conflictos) son las causas del hambre y tienen un punto en común: quienes han salido perjudicados son campesinas y campesinos que han perdido su derecho a vivir de la producción de alimentos. Sufren hambre porque (también) les han robado su soberanía alimentaria.

Disponiendo de esta información, conociendo muchos más casos en muchos más países, como pude constatar en la VII Conferencia Internacional de La Vía Campesina (movimiento de campesinas y campesinos de todo el mundo que definieron la propuesta de la soberanía alimentaria), celebrada el junio pasado, tengo que decir que no me sorprenden los datos que en octubre presentó la FAO respecto a la situación del hambre al mundo. El hambre ha vuelto a crecer y ya afecta a más de 815 millones de personas, es decir, una de cada diez, aproximadamente. Y uno de los motivos es que las políticas para erradicar la hambre, si es que verdaderamente existen, olvidan que al menos el 70% de las personas con dificultades para asegurarse los mínimos nutricionales son campesinas y campesinos. No son respuestas de más tecnología alimentaria, ni de más productividad, ni siquiera de mejorar los sistemas de distribución alimentaria, lo que hace falta es un enfoque diferente que responda a la pregunta correcta. ¿Qué hacer (o dejar de hacer) para que las personas que nos proveen de alimentos tengan una vida digna y suficiente?

 

Gustavo Duch, en diaria ARA; 5 de febrero de 2018

Versión original aquí

27 December, 2017
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Paradojas del primer superalimento global

Adivinanza alimentaria. ¿Saben cuál es el alimento que ayuda a disminuir el colesterol malo y que reduce las tasas de infarto? ¿Saben cuál es el alimento que sin gluten aporta proteínas de alto valor y fibras de fácil digestión que previene el cáncer de colon? ¿Saben cuál es el alimento que aporta hidratos de carbono complejos pero básicos para despertarnos cargados de energía? ¿Lo saben? Yo creo que sí.

Efectivamente, todas aquellas de ustedes que han barajado respuestas habituales en nuestra dieta mediterránea, como el aceite de oliva virgen, las nueces o el brócoli, han acertado. Y todas aquellas que han pensado en productos exóticos, como la col kale, las semillas de chia o la quinua, también. Frente a la alimentación procesada, precocinada o prefabricada, que ya representa el 70% de la dieta promedio, poner en valor los productos frescos (cualesquiera) es nutritivamente muy provechoso y contribuye indudablemente a mejorar nuestra salud.

Es un cambio necesario pero no debería responder sólo a modas o tendencias. De hecho, las carreras “En Busca del Superalimento Perdido” están teniendo consecuencias sociales y ambientales relevantes. El caso de la quinua, quizás el primer superalimento global, es esclarecedor. Este pseudocereal propio del altiplano andino fue el alimento básico de los pueblos incaicos hasta la colonización, donde se impuso una demonización del mismo. Poco a poco fue recuperándose su uso hasta principios de este siglo, alcanzando su máximo esplendor el año 2013 cuando Naciones Unidas lo declaró Año Internacional de la Quinua.

Los efectos de este boom ya se han explicado muchas veces: el precio a nivel local, en Bolivia, Perú y Ecuador, se elevó un 70%. Para las personas que siempre la compraban, comer quinua se convirtió en un lujo imposible. Para las familias campesinas que la producían, provocó dejar atrás una agricultura tradicional, diversificada y orientada a la autosuficiencia para dar paso al monocultivo de quinua y la ‘lógica’ del mercado. A tal escala, que también dejaron de comer quinua pues preferían venderla -por las ganancias que representaba- y con esos ingresos comprar comida barata y menos nutritiva.

Pero los acelerones siempre chocan. La moda de la quinua ha ido provocando que muchas tierras se dedicaran a su cultivo, se han incorporado variedades más productivas y se ha industrializado el cultivo con la aplicación de maquinaria y pesticidas, hasta generar una sobreoferta que ha generado una caída muy fuerte de su precio. En Challapata, Bolivia, uno de los centro de producción, el saco de quinua que en el 2014 se pagaba a 1.500 bolivianos, se paga hoy a solo 320 bolivianos.

Lo explica Georg Ismar en el diario boliviano Correo del Sur al entrevistar a Julián y Matilde tras llegar al mercado de Challapata para vender tres de esos sacos de quinua. «Él cuenta que 2013 y 2014 fueron los años de oro y con el dinero que ganó se compró su primer coche. Hoy en día, apenas puede pagar el combustible».

Gustavo Duch

El Periódico de Catalunya, 24 de diciembre de 2017

6 December, 2017
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“Pronto será demasiado tarde, advierten quince mil voces desde el mejor conocimiento científico hoy disponible” – Jorge Riechmann

El pasado mes de octubre se hacía pública en EEUU otra noticia más desde el frente de batalla de la guerra de las sociedades industriales contra la vida: se alertaba de una enorme mortandad de salmones en el estado de Washington, seguramente causada por contaminantes que resultan del tráfico rodado (polvo de desgaste de frenos, gasolina, gasóleo, fluidos tóxicos) . Uno de los ensayistas de referencia sobre cuestiones ecológicas, George Monbiot, que escribe regularmente en The Guardian, comentaba:

“El mundo viviente está siendo machacado desde todos los ángulos y colapsa a una velocidad asombrosa. Tal es el efecto del crecimiento económico exponencial. El período de duplicación [del producto económico] es tan breve que vemos el colapso suceder ante nuestros ojos: insectos, salmones, tiburones (y casi todos los peces grandes), leones, elefantes, jirafas, anfibios, pájaros cantores, pingüinos… todos desaparecen mientras estamos mirando. Una implosión mayor y más rápida que en mis peores pesadillas. Pero ¿dónde está la urgencia política? ¿Las cumbres para hacer frente a la emergencia? ¿Las estrategias? Los gobiernos hablan de cualquier cosa excepto de esta catástrofe existencial, penetrada por la creencia religiosa de que el mercado de alguna manera lo resolverá. Cuando precisamente es ‘el mercado’ lo que está impulsando la catástrofe. El PIB es una medida de nuestro progreso hacia el desastre. En cuanto a los medios masivos, la consigna parecería ser ‘no mencionar la guerra contra el mundo natural’. Porque tan pronto como lo mencionas, el cuento económico se derrumba…”
 

Monbiot no exagera: ante la magnitud de la Sexta Gran Extinción que hemos puesto en marcha, si se descorre el velo que pone ante nuestros ojos el negacionismo generalizado de la cultura dominante, uno se queda anonadado, casi mudo. Ningún logro humano –artístico, tecnológico, filosófico, económico…– podría justificar lo que estamos haciendo a los seres vivos y a la entretejida trama de la vida en la Tierra. Creo que nada puede compensar todo ese sufrimiento, tanta devastación.
 

La destrucción de vida viene causada por diferentes factores que interactúan: la pérdida de hábitats, el cambio climático, el uso intensivo de plaguicidas y varias formas de contaminación industrial, por ejemplo, están diezmando las poblaciones de insectos y aves. Pero –nos dice uno de los grandes economistas ecólogicos del mundo, el canadiense William E. Rees– “el motor general” es lo que un ecólogo podría llamar el ‘desplazamiento competitivo’ de la vida no humana por el crecimiento inexorable de la empresa humana. En un planeta finito donde millones de especies comparten el mismo espacio y dependen de los mismos productos finitos de la fotosíntesis, la expansión continua de una especie necesariamente conduce a la contracción y extinción de otras. (Que los políticos toman nota: siempre hay un conflicto entre la población humana más su expansión económica y la ‘protección del medio ambiente’).

Más seres humanos, más automóviles, más toallitas desechables, más granjas de cerdos y más turismo significa menos vida en la biosfera del tercer planeta del Sistema Solar. Por otra parte, sólo una fatal ignorancia de nuestra ecodependencia hace que pensemos que esa catarata de extinciones no nos afectará a nosotros mismos. No sólo a través de nexos causales bastante obvios (por ejemplo, la gran cantidad de cosechas que en todo el mundo dependen de la actividad polinizadora de insectos, aves e incluso murciélagos) sino, de forma más general, porque es el buen funcionamiento de los intrincadísimos ciclos biosféricos (bio-geo-químicos) lo que hace que el planeta Tierra sea un hogar favorable para nuestra especie. Nosotros formamos parte de la misma naturaleza que estamos degradando; la guerra nos la hacemos también a nosotros mismos.
 

Nada de esto es muy nuevo: esta guerra contra la vida se intensificó desde 1950 aproximadamente (el período que conocemos como la “Gran Aceleración”) y ha conducido a resultados tan estupefacientes como que  la mitad de los combustibles fósiles y muchos otros recursos utilizados por los seres humanos los hemos consumido apenas en los últimos cuarenta años –y encima con la distribución brutalmente desigual que es bien conocida . En 1992 la UCS (Union of Concerned Scientists, Unión de Científicos Comprometidos, una benemérita organización estadounidense sin fines de lucro) lanzó una primera “Advertencia a la humanidad de los científicos del mundo”. La firmaban en aquel año de la “Cumbre de la Tierra” en Río de Janeiro  más de 1.700 investigadores, entre ellos la mayoría de premios Nobel en ciencias que estaban entonces vivos . En el vigésimo quinto aniversario de aquella declaración histórica se ha hecho pública una segunda iniciativa, otra “ Última Llamada” que en este caso firman más de 15.000 investigadores e investigadoras de 184 países. La abrumadora mayoría de las amenazas y dinámicas destructivas descritas en 1992 continúan y casi todas “están empeorando de forma alarmante”.
 

La iniciativa procede de un equipo científico internacional dirigido por William Ripple, profesor de Ciencias Forestales de la Universidad Estatal de Oregón (EE.UU.). En un artículo publicado en la revista BioScience señalan que el bienestar humano se verá seriamente comprometido por el cambio climático, la desforestación, la mengua de acceso al agua dulce, la extinción de especies y el crecimiento de la población humana. “La humanidad no está tomando las medidas urgentes necesarias para salvaguardar nuestra biosfera en peligro”, avisan los científicos en la revista.
 

No hay nada de lo que valga la pena ocuparse que no esté en peligro, se nos dice que dijo Jimi Hendrix. Y Pier Paolo Pasolini, por aquellos mismos años: Siamo tutti in pericolo. “Pronto será demasiado tarde”, advierten quince mil voces desde el mejor conocimiento científico hoy disponible. Que este “World Scientists’ Warning to Humanity: A Second Notice” no caiga en saco roto: “Pronto será demasiado tarde para cambiar el rumbo de nuestra trayectoria fallida, y el tiempo se acaba. Debemos reconocer, en nuestra vida cotidiana y en nuestras instituciones de gobierno, que la Tierra es nuestro único hogar”.

 

eldiario.es – 20/11/2017

23 November, 2017
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El crack del aguacate

Estos días, en Málaga y Granada, empieza la cosecha de los primeros aguacates. Hasta abril se irán sumando más toneladas producidas en Alacant, València y Castelló, incluso en Amposta donde hay una pequeña finca que los cultiva. Aunque en las estanterías de los supermercados -que nada saben de climatología- los podemos encontrar siempre que gustemos, como cualquier otra fruta o verdura. Porque el aguacate, y la salsa a la que da nombre, el guacamole, se ha convertido en los últimos años en una de las grandes estrellas de la globalización alimentaria.

Prácticamente toda esta cosecha mediterránea, que rondará las 70 mil toneladas, viajará hacia los países del Norte de Europa donde pagan un precio más alto por productos cosechados dos o tres días antes, y que les llegan en el punto de maduración perfecto. Aquí consumiremos aguacates importados mayoritariamente de Perú, Israel, Sudáfrica y unas 40 mil toneladas llegadas desde México, el mayor productor del mundo. Una cifra pequeña frente a los 2 millones de toneladas que México exporta a los Estados Unidos. Sólo para satisfacer la demanda del día de la Super Bowl, se requieren 100 mil toneladas del aguacate mexicano.

El boom del aguacate en México, como ha venido recogiendo la prensa los últimos años, ha provocado la presencia de cárteles de la droga en el negocio. Pero hay un problema mayor. Prácticamente todas estas cantidades de aguacates se producen en el estado de Michoacán donde, como me dice Blanca Lemus, doctora jubilada de la universidad local, “la producción de esta fruta para la exportación ha llevado a grandes productores de aquí a acaparar buena parte de todas las tierras, el pequeño campesino ya ni existe, ahora son jornaleros de negocios de las élites y de las empacadoras que son propiedad norteamericana e israelita”. Según el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias con sede en Uruapan, “la capital mundial del aguacate”, la expansión de este cultivo provoca una deforestación (muchas veces por incendios provocados) de 500 hectáreas anuales. “Un daño permanente que llegó para quedarse”, me sigue contando Blanca, “las imágenes son desconsoladoras. El agua es cada vez más escasa y contaminada, y esta tierra paradisíaca con un clima de templado a frío, se ha transformado en parajes calurosos de aire seco”. Los aguacates se expanden por todas partes, en las faldas de los cerros, en lo alto de las lomas, y también, en las laderas de las montañas, donde, acrobáticamente, les fuerzan a crecer en horizontal.

Un boom que convertido en monocultivo asume muchos riesgos. Por cuestiones del clima (como este año donde las inundaciones han provocado una caída del 20% de la producción), por la aparición de otra región más competitiva, por una demanda que no se sostendrá… ¿Y entonces?. Será otra burbuja explotada, con una diferencia: a los bancos se le pueden reinyectar dinero, a la tierra no, lo escupe. El papel moneda le repugna.

 

El Periódico de Catalunya, 5 de noviembre de 2017. Gustavo Duch

12 November, 2017
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¿Darías alimentos con más de 120 residuos de pesticidas a tus hijos?

Frutas y verduras con más de 120 residuos de pesticidas, es lo que se ha encontrado en análisis realizados por la organización benéfica Pesticide Action Network UK (PAN) de Reino Unido. Así lo han recogido en el informe “Food for thought” que pretende ofrecer información a los padres y las escuelas sobre los residuos de pesticidas que hay en los alimentos que están tomando niños de entre 4 y 6 años.

Los análisis realizados por esta organización y publicados por el Comité de Expertos en Residuos de Pesticidas en los Alimentos (PRIF por sus siglas en inglés), muestran que hay niveles inaceptables de pesticidas presentes en los alimentos que se sirven en las escuelas bajo el Programa de fruta y verdura en la escuela promovido por el Ministerio de Sanidad británico.

De los 123 tipos diferentes de pesticidas encontrados, algunos de ellos están asociados a problemas de salud serios, como cáncer, problemas en el desarrollo cognitivo o alteraciones del sistema hormonal.

En muchos casos un mismo alimento contenía varios tipos de pesticidas diferentes. Esto es algo muy preocupante porque la comunidad científica todavía no ha estudiado la interacción de los diferentes compuestos químicos de los pesticidas: el llamado “efecto cóctel”. Lo que sí se sabe es que los niños son especialmente vulnerables a los pesticidas y se les está exponiendo a unas cantidades muy altas y de manera continuada.

Número de residuos de diferentes pesticidas encontrados en fruta y verdura:  

Manzanas > 64

Cítricos > 48

Uvas pasas > 45

Peras > 41

Tomates > 27

Fresas > 23

Plátanos > 19

Zanahorias > 12

Guisantes > 11

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Es curioso que los niveles de residuos de pesticidas encontrados en estos alimentos son más altos que los obtenidos en los análisis realizados por el Gobierno.

Sólo un 30% de las frutas y verduras son suministradas por productores británicos. Desde PAN se está pidiendo al Gobierno que más alimentos se produzcan localmente y sin pesticidas, de una manera sostenible, insistiendo en que se debe fomentar la agricultura ecológica en Reino Unido y así proteger a toda la población, y en especial a los niños, de los efectos de los pesticidas.

Según PAN, cambiar los alimentos convencionales por alimentos ecológicos sólo supondría poco más de un céntimo de euro por día por cada niña/o, y aseguran que proteger a los niños de un cóctel de pesticidas consumidos cada día no tiene precio.

Esta organización considera que puede ser muy perjudicial exponer a los niños a tantos pesticidas todos los días y que, además, es innecesario teniendo la opción de consumir alimentos ecológicos.

Si se hiciera un análisis similar en la escuela de tus hijos, ¿crees que los resultados serían muy diferentes?

Puedes ver más sobre el tema en la página web de Pesticides Action Network.

 

Extraído de https://www.ecoagricultor.com

31 October, 2017
by gcaj
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Guía para identificar los transgénicos de nueva generación en alimentos y cosméticos

Esta guía nos orientará sobre las preocupaciones generadas por estos productos y cómo evitar los artículos con ingredientes provenientes de la biología sintética.

Los organismos genéticamente modificados (OGMs) han estado presentes en nuestra comida por 20 años, pero comenzaron a cambiar hace poco tiempo, pues las grandes corporaciones están interfiriendo con la naturaleza en formas nuevas y más riesgosas. Por ejemplo, pueden modificar ahora una especie (animal o vegetal) borrándole genes, desactivándolos o, incluso, creando secuencias de ADN enteramente nuevas en una computadora.

Algunas compañías hacen esto con biología sintética: un nuevo campo de la ingeniería genética que se encarga de producir compuestos artificiales que saben o huelen como sustancias conocidas por todos, pero que no provienen de fuentes naturales. Por ello llamamos a la biología sintética una “ingeniería genética extrema” y a sus productos, OGMs 2.0.

Los OGMs 2.0 ya se están incorporando a nuestros alimentos y cosméticos, ¡pero sin aviso alguno! Incluso puede ocurrir que se los etiquete como ingredientes “naturales”.

Puedes consultarla aquí

 

Información extraída de https://www.ecoagricultor.com

20 October, 2017
by gcaj
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La sobreexplotación agrícola amenaza Doñana

En las últimas décadas, los cultivos, pozos y balsas de agua ilegales han proliferado en el entorno de Doñana hasta llegar al escenario actual, con cerca de 3.000 hectáreas de cultivos ilegales y aproximadamente 2.000 pozos ilegales. Aspectos como la alta rentabilidad de los frutos rojos y la lentitud de la actuación administrativa han avivado un crecimiento “incontrolado, insostenible y en muchos casos ilegal de la agricultura intensiva de regadío en el entorno del Espacio Natural Doñana”, según denuncia la organización WWF, que vigila muy de cerca este fenómeno. De esta sobreexplotación de la zona se derivan consecuencias ambientales, pero también económicas y sociales.

En 2014, la Junta de Andalucía y el Gobierno central pusieron en marcha un Plan Especial para controlar las zonas de regadío al norte de la Corona Forestal de Doñana, que aún hoy sigue sin aplicarse en su totalidad. Se contabilizaron entonces 11.023 ha de regadío en la zona, a las que en los últimos dos años se han sumado otras 251,9 ha de regadío fuera de las tierras calificadas como “regables”, 160 de ellas en zonas ambientalmente sensibles, según los datos de WWF. A la proliferación de cultivos de regadío se suman las balsas de riego ilegales: en noviembre de 2016, la organización conservacionista tenía contabilizadas 1.712 balsas, de las que el 80% eran ilegales.

Los cultivos de regadío bajo plástico comenzaron a multiplicarse rápidamente en Doñana a principios de los años 90, animados por el llamado “boom” de los frutos rojos. Fresas, arándanos, frambuesas o moras se cultivan hoy de forma masiva en la zona. “Son cultivos que normalmente son muy rentables económicamente, y su multiplicación se ve favorecida por la falta de contundencia a la hora de cerrar un pozo, ya que desde la denuncia a guardería hasta el cierre hay un trámite administrativo muy largo”, explica Felipe Fuentelsaz, coordinador del Proyecto Doñana de WWF. Entre esos cultivos también los hay certificados en ecológico: “El Reglamento de Agricultura Ecológica no exige que se garantice un uso legal del agua, y así tenemos por ejemplo cultivos ecológicos de fresa con uso ilegal del agua” denuncia. Por eso están trabajando “para tratar de cambiar los protocolos de calidad para que contemplen aspectos como este, porque ni siquiera el de agricultura ecológica garantiza ese uso del agua dentro de la ley”.

El aporte de agua al Parque Nacional se ha reducido un 80%

Las consecuencias de esta situación son múltiples, y necesitan ser abordadas con la mirada puesta en el largo plazo. “Estamos robando el agua al acuífero, que es el que suministra agua a las marismas y a los arroyos de Doñana, y la biodiversidad asociada a ellos sufre consecuencias. La mayor parte de las lagunas de la zona oeste de Doñana han desaparecido y otras han pasado de permanentes a temporales, afectadas también por el cambio climático”. A esto hay que añadir los efectos económicos y sociales: “Que el acuífero esté en buen estado no sólo tiene un impacto ambiental: de él se saca el agua para la agricultura y también el agua que se bebe en muchas localidades”. La actividad económica de la zona también se ve amenazada por la sobreexplotación, ya que la alta producción puede implicar una bajada de precios en el mercado.

Ante este escenario, ¿qué futuro espera a las fincas de regadío de Doñana? “La superficie sigue creciendo, y hay un Plan que establece que a partir de 2004 ya no se podían establecer más hectáreas –aclara Fuentelsaz–. Todas las hectáreas posteriores a 2004 se tienen que eliminar, y las anteriores a esa fecha se han de regularizar si cumplen una serie de criterios. El problema es que esto significa acabar con la gallina de los huevos de oro, y existe presión social para que no suceda”.

Lo crítico de la situación ha llevado a que la Comisión Europea abra un procedimiento de infracción por el uso del agua contra el Gobierno del España, y a que la Fiscalía de Medio Ambiente haya tomado cartas en el asunto, por lo cual este año se van a celebrar los primeros juicios por uso ilegal del agua en Doñana. También la Unesco se ha pronunciado sobre la situación: el Comité de Patrimonio Mundial del organismo ha alertado sobre los “insostenibles” niveles de extracción de agua subterránea actuales, señalando la inacción del Gobierno de España y de la Junta de Andalucía en la protección del Parque Nacional y planteando la posibilidad de incluir Doñana en la lista de Patrimonio en Peligro si no se adoptan “medidas urgentes para mejorar la situación del acuífero”. Desde WWF están actuando también a otros niveles, y trabajan por ejemplo con supermercados para lograr que se provean sólo de cultivos de la zona procedentes de fincas legales.

Fotografía: Felipe Fuentelsaz / WWF

WWF