Grupo de Consumo Autogestionado de Jaén

4 April, 2017
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Bajo el cemento está el sustento

Hasta hace unos poquísimos meses, quienes habitamos el barrio de Horta, en Barcelona, podíamos comprar alimentos de cercanía, de mucha cercanía, de kilómetro cero. Entre los pisos blancos que se construyeron para alojar a personal relacionado con los Juegos Olímpicos resiste el huerto del señor Marcel•lí, un agricultor profesional que en unos 2.000 metros cuadrados producía los alimentos que el clima recomendaba. Escarolas, alcachofas, tomates, coles o pimientos que, cuando llegabas a comprarlos, te pedía que fueras tú mismo a recolectarlos. Porque durante 20 años siendo uno de sus clientes, siempre vi al señor Marcel•lí manteniendo el huerto con un esfuerzo hercúleo: vestido como un motorista, con rodilleras y coderas, circulaba por los parterres en su silla de ruedas y desde el suelo, gateando, trabajaba los bancales.

GARANTIZAR LA PROTECCIÓN

Ahora el huerto está en barbecho involuntario, la tierra descansa a la espera de su destino, que no debería ser otro que el que le corresponde: ser sustento. Desconozco su situación legal, pero ¿se puede garantizar que un espacio de estas características cuente con la protección administrativa necesaria para que siga ejerciendo el digno oficio de alimentarnos?

El 15 de octubre del 2015, Barcelona fue una de las cien ciudades mundiales que firmaron el conocido como Pacto de Milán para una alimentación sostenible. Es decir, un compromiso formal para reconducir un sistema alimentario dependiente totalmente de alimentos industriales de cualquier parte del mundo –con una mochila muy pesada de injusticias ambientales y sociales– hacia nuevos modelos donde prime la alimentación saludable, de temporada y de proximidad. Para hacer posible dicha transición, el pacto recomienda una serie de medidas muy lógicas y factibles, como, por ejemplo, modificar las ordenanzas municipales para asegurar que las licitaciones que dan acceso a regentar cocinas de escuelas, hospitales o asilos prioricen aquellas propuestas que garanticen productos ecológicos y locales. O que hacen posible la venta directa con precios dignos para quienes producen y con precios asequibles para quienes consumimos. El Pacto también habla claramente de la necesidad de preservar y asegurar con las medidas correspondientes que no se pierda ni un palmo más de tierra agraria.

“COMPREN TIERRA, QUE NO SE FABRICA MÁS”

Hay guerras por la tierra fértil en Ucrania, en Honduras, en el Congo… “Compren tierra, que no se fabrica más”, decía irónicamente Mark Twain a los especuladores de su tiempo, y Barcelona tiene aún algunos espacios agrarios que deben seguir ejerciendo de huertos. Fíjense hasta dónde llegan las ganas de acabar con lo agrario que la clasificación de la tierra se divide básicamente en dos: suelo urbanizable o suelo no urbanizable. A lo que es tierra viva, fresca y alimento, le llaman suelo y lo apellidan no urbanizable, que, como dice el investigador Carles Soler, es el primer paso para hacerla potencialmente asfalto.

 

Extraído de https://gustavoduch.wordpress.com

17 March, 2017
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Disruptores endocrinos: nueva derrota de la Comisión Europea

La Comisión Europea vuelve a fracasar en su intento de dar luz verde a su peligrosa propuesta de definición de disruptores endocrinos.

Después de que su propuesta de definición de disruptor endocrino fuera rechazada el 21 de diciembre de 2016, la Comisión Europea sufre otro revés y no consigue alcanzar la mayoría cualificada necesaria para la aprobación de su propuesta en la votación del Comité de Plantas, Animales, Alimentos y Piensos (ScoPAFF), del 28 de febrero.

Francia, Dinamarca y Suecia se niegan a apoyar la propuesta. 

Francia, Dinamarca y Suecia se han negado a apoyar la propuesta, expresando así su desacuerdo con unos criterios de identificación de disruptores endocrinos que consideran inaceptables ya que no protegen la salud ni el medio ambiente europeos. Otros estados miembro como Eslovaquia y Estonia también han mostrado su rechazo.

Desde Ecologistas en Acción lamentamos que España no haya rechazado hoy la propuesta de la Comisión a pesar de que hasta ahora se había mostrado muy crítica con ésta. Alemania, Italia, los Países Bajos, Austria, Portugal y Finlandia han mostrado su acuerdo, mientras Bélgica, Irlanda, Polonia y Reino Unido se han abstenido.

Al ver que no iba a conseguir la mayoría cualificada necesaria para apoyar su propuesta (apoyo del 55% de los estados que representen un 65% de la población), la Comisión ha decidido no someter la propuesta a votación.

La Comisión no ha aclarado sus próximos pasos, tras ver rechazada por cuarta vez su propuesta.

La actual propuesta dejaría la gran mayoría de sustancias sin identificar

El nivel de evidencia exigido para considerar una sustancia disruptora endocrina es excesiva y muy superior al establecido para otras sustancias tóxicas de nivel de preocupación similar,como cancerígenos, mutágenos o tóxicos para la reproducción (CMR).

Así, exige evidencia de la relación causal entre efectos adversos y modo de acción endocrina. Esto no se exige para clasificar CMR y dado que existe muy poca información sobre el modo de acción de los disruptores endocrinos, reducirá al mínimo el número de sustancias reguladas.

Los criterios no son coherentes con la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que es la definición que se decidió que se utilizaría como base y que incluye las sustancias que se conoce y se presume que causan disrupción endocrina.

Tampoco es coherente con los criterios de clasificación de sustancias establecidos por la normativa europea, que incluyen categorías en función del nivel de evidencia científica sobre sus efectos negativos en animales y humanos. Limita la regulación a las sustancias con evidencia absoluta de disrupción endocrina en humanos.

Los criterios incluyen una exención a los plaguicidas que actúen alterando el sistema hormonal. En las últimas propuestas la Comisión ha incluido un nuevo apartado para evitar la regulación de los plaguicidas cuyo modo de acción sea precisamente la disrupción del sistema endocrino de las plagas a las que van dirigidas.

Los criterios propuestos no han sido evaluados: No se sabe qué sustancias se regularían de aprobarse estos criterios. Los Estados miembro deben decidir apoyar unos criterios que no conocen qué regularán y por tanto, qué consecuencias tendrán.

Puede verse el texto de la última propuesta de criterios aquí y comentarios detallados de Ecologistas en Acción aquí.

Antecedentes de la propuesta de contaminantes hormonales

La perturbación del sistema hormonal causada por los disruptores endocrinos se ha asociado con efectos adversos como cáncer en órganos relacionados con las hormonas, como mama, próstata o tiroides, diabetes, infertilidad y problemas en el desarrollo neurológico, entre otros.

La Comisión estaba legalmente obligada a establecer unos criterios de definición que permitieran identificar estos tóxicos de los pesticidas y así poder regularlos, para finales de 2013.

Pero, presionada por la industria, no cumplió con su obligación y finalmente, en junio de 2016, obligada por na sentencia del Tribunal de Justicia Europeo, presentó una propuesta de criterios a los Estados mienbro.

Mensaje de la coalición EDC Free a V. Andriukaitis, Comisario de Sanidad de la Comisión Europea tras presentar la propuesta, en junio de 2016.

La Comisión ha presentado ya 4 propuestas que han sido rechazadas por los representantes de los Estados miembro en el Comité de Paguicidas (PAFF).

Desde la coalición europea EDC Free, en la que participa Ecologistas en Acción, seguiremos trabajando para conseguir una definición de contaminante hormonal realmente protectora.

Seguimos recogiendo firmas contra la actual propuesta de la Comisión aquí

 

Extraído de https://libresdecontaminanteshormonales.wordpress.com/

2 March, 2017
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Desequilibrando el medio, jugando con las vidas

En estas líneas podéis leer tres pequeños artículos que giran en torno a temas más o menos vinculados. Los protagonistas de todos son animales no humanos, pero el trasfondo es algo un poquito menos obvio. Son diferentes especies que ven sus vidas peligrar gracias al animal más destructivo que ha pisado este planeta.

Hemos generado un mundo donde somos amos y señores, donde cada día y de muy distintas formas, jugamos a ser Dios. El intrusismo desmedido del ser humano en el medio ambiente ha roto un equilibrio precioso y delicado.

En dos de los siguientes textos abordamos la temática de animales endémicos que se han pasado a considerar plaga, por un lado los topillos por su impacto económico sobre las cosechas y por otro las cabras de la sierra de Madrid. Por distintos motivos que no adelantaremos en esta introducción, pero directamente relacionados con el uso del campo que se ha hecho a lo largo de la historia, nos encontramos con medidas completamente perturbadoras que dicen pretender atajar el problema. Una, ya probada y otra, de momento, paralizada.

El tercer caso gira en torno a los animales que mueren electrocutados por tendidos eléctricos, que son, por desgracia muchos. No es ninguna novedad y no es una cuestión que dependa de las energías sostenibles, pues el caso de aves y murciélagos que chocan contra las aspas de los aerogeneradores no es menos sangrante. Se trata, una vez más, de las barreras que ponemos en la vida de los otros animales. Si en una balanza estuviera en un platillo el camino más fácil y en la otra las consecuencias que esa vía tiene para el resto de seres vivos que comparten La Tierra con nosotros/as, el desnivel sería tan obvio a favor de nuestro egoísmo, que da igual cuánto se invierta, los linces siguen muriendo atropellados por nuestros vehículos.

Sembrando veneno

Hasta los/as madrileños/as más urbanitas hemos oído hablar en más de una ocasión de las famosas plagas de topillos que arrasan los campos castellanos cada pocos años. Tristemente, a muchos/as también nos suena ya familiar la solución institucional empleada en varias ocasiones y que consiste en “matar moscas a cañonazos”, concretamente mediante el uso de veneno rodenticida.

Pues bien, por muy disparatado que nos parezca a algunos/as, la historia se repite. A pesar de que la bromadiolona, el veneno utilizado contra el topillo campesino, fue excluida del registro oficial de productos fitosanitarios del Ministerio de Medio Ambiente, la Junta de Castilla y León solicitó en 2016 su utilización “por la vía de excepcionalidad” y ésta se lo autorizó el pasado mes de diciembre.

Como decíamos, esta ingeniosa idea del veneno no es ni mucho menos nueva. En febrero de 2007 se empleó por primera vez y a lo grande, esparciendo toneladas de cereal envenenado en el sur de la provincia de Palencia. La Unión Europea paralizó la medida (que, por cierto, no había conseguido frenar la plaga) ante una demanda de varias organizaciones ecologistas, pero la solución de la Junta fue más veneno, pero más discreto: metido en tubos primero, e introducido en cebos en las huras en un tercer asalto ya en 2008. La medida se repitió de nuevo al menos en dos ocasiones, en 2011 y 2014. El resultado obvio fueron miles de animales muertos a lo largo de toda la cadena trófica, desde las especies que comen grano, hasta los carnívoros y carroñeros que se los comen, entre ellos el milano real, rapaz en peligro cuyas poblaciones parecen haberse visto especialmente afectadas por los envenenamientos. Sin embargo, los estudios realizados tras estos episodios demostraron que las poblaciones de topillos decayeron con la misma velocidad en las zonas tratadas con rodenticidas que en las que no lo fueron. Y es que, como suele ocurrir con las plagas, el nivel de población del topillo tiende a disminuir drásticamente tras alcanzar un punto álgido, debido principalmente a causas naturales como la disminución de los recursos, sequía, enfermedades o depredación.

Con esto no queremos decir que se deba dejar a la naturaleza seguir su curso y asumir las enormes pérdidas a la agricultura que estas plagas puedan ocasionar. Existen medidas no agresivas propuestas por la comunidad científica y organizaciones ecologistas que son enormemente más eficaces que el veneno, y eso lo saben las instituciones responsables. Lo que pretendemos señalar es que, como en toda decisión institucional, su objetivo no es la solución del problema sino los votos que se puedan ganar o perder con el asunto, por lo que mientras ese tipo de medidas sean percibidas por los/as agricultores/as y afectados/as en general como más “contundentes”, poco les interesa plantearse soluciones verdaderas o atacar a las causas de los problemas.

Desde 2009, por ejemplo, Grefa (Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat) y otras organizaciones desarrollan en áreas de Palencia, Zamora y Valladolid un programa de control biológico del topillo por depredación. Medidas tan sencillas como la instalación de postes y cajas-nido favorecen la presencia de depredadores que se encuentran de forma natural en las mismas áreas, como cernícalos, lechuzas o milanos, pero a los que la agricultura intensiva y homogénea desprovista de árboles y arbustos desde los que otear o donde anidar, ha expulsado en gran número, dejando vía libre a los topillos. Obviamente, para nosotros/as sería necesario como mínimo acatar ese problema y recuperar los linderos, arbolado y setos vivos en los márgenes de las parcelas, y ya puestos, ir más allá y replantearnos los efectos que la agricultura practicada hoy en día tiene en todo el medio del que formamos parte. Por el momento, habrá que reconocer que ésta y otras medidas similares nos parecen mil veces preferibles a envenenamientos y masacres por el estilo.

··· Cabras montesas en La Pedriza ···

Hace casi un año, el gobierno de la Comunidad de Madrid dio el visto bueno a un nuevo plan para el control de la población de cabras pirenaicas o montesas en el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. Dicho control se preveía realizar a través de la captura (en torno a un 25%) y la caza con armas de fuego (el restante 75%) de unos 2.500 ejemplares. De esta forma, se pretendía disminuir para el 2020 la población de esta especie en un 68%, pasando de los actuales 4.000 ejemplares a 1.500, que según varios estudios representaría su límite ecológico (una densidad de unas 10 cabras por kilómetro cuadrado). Sin embargo, desde el pasado octubre, el plan se encuentra parado a la espera de que se resuelva una denuncia presentada por PACMA.

Si bien la población de estos ungulados ha llegado a cifras críticas, este proceso es relativamente actual. La especie llegó a desaparecer de las montañas madrileñas allá por el siglo XIX, contabilizándose en 1905 poco más de una decena de ejemplares en todo el Estado, más concretamente en la Sierra de Gredos. La reintroducción de la especie en nuestros montes se produjo entre los años 1982 y 1992, partiendo de 67 ejemplares (41 hembras y 26 machos), que se liberaron en La Pedriza y el Hueco de San Blas. En estos treinta años, el crecimiento de la población de cabras ha sido espectacular, llegando a los casi 4.000 ejemplares actuales, en gran medida debido a las condiciones concretas de los montes madrileños, a saber, una falta completa de depredadores y una relativa seguridad otorgada por su asentamiento en una zona protegida.

Como es natural, esta superpoblación de cabras montesas está afectando negativamente al ecosistema de la Sierra de Guadarrama, tanto a la flora, alguna de ella protegida, como los arces o acebos autóctonos, que está siendo dañada a pasos agigantados, como al resto de fauna, que se ve afectada por la presión poblacional de las cabras y su consumo de recursos. Otro de los factores que preocupa es que esta falta de autorregulación de la especie puede acabar derivando en la aparición de epidemias, que pudieran provocar un hundimiento poblacional, concerniendo también a otras especies. Al final, el equilibrio se acabaría por encontrar (ya sea con o sin enfermedades), pero este lento proceso trastocaría enormemente la actual riqueza ecológica de la zona. Es por ello, que ante los problemas generados por una nueva y torpe intervención humana en la naturaleza (como es una reintroducción de fauna salvaje sin un plan específico de control poblacional previo), ahora toca ponerse las pilas, pero, ¿a qué precio? En este sentido, desde muchos ámbitos se plantean otras opciones de control poblacional que no pasen por la caza sistemática de miles de cabras, ya sean la reubicación de animales a otras zonas del Parque Nacional a través de un corredor natural, la extracción de ejemplares para poblar otros montes del centro de la Península, un control de fertilidad a través de vacunas anticonceptivas o la protección de las nuevas colonias de lobos ibéricos en nuestra sierra. Si bien, esta última media es la más completa, pues el lobo es el único depredador natural de la cabra, y con ello se conseguiría restablecer un equilibrio a largo plazo sin la intervención constante del ser humano.

¡Peligro! Tendidos eléctricos.

A raíz de la revista Quercus nos hacemos eco del hallazgo de diez buitres leonados muertos a los pies de una torreta concreta dentro de la red de tendido eléctrico de alta tensión de la provincia de Málaga, a cinco kilómetros de la buitrera de Sierra Crestellina.

Un hecho de semejantes características nos deja en una encrucijada en la que hay dos caminos para analizar, aunque también podemos considerar uno continuación del otro: por un lado, qué tipo de luchas concretas se deben llevar en nuestros radios de acción para evitar la muerte, especialmente de aves, en torno a los tendidos eléctricos y por otro nuestra responsabilidad directa en esas muertes.

Los círculos indican donde se hallan los cadáveres de los buitres. (foto: Silvema Serranía de Ronda – Ecologistas en Acción)

No podemos mirar para otro lado y pensar que la responsabilidad recae sólo sobre la eléctrica de turno, dado que, dentro de este sistema gobernado por la oferta y la demanda, somos nosotros/as quienes realizamos un consumo desmedido, muy superior al de nuestras necesidades, si bien reflejo de las imposiciones de nuestra realidad. Para nosotros/as luchar por el fin de este sistema es algo tan necesario como obligatorio.

Igualmente podemos aprovechar para echar una ojeada a las luchas concretas que han surgido en torno a los puntos negros de las redes eléctricas que acumulan mayor número de muertes sin entrar a juzgar cuánto nos gustan o no, y reflejando simplemente que, dentro de lo que cabe, han resultado medianamente útiles, si bien no atacan a la raíz del problema.

Esto nos trae a Jaén, donde entre 2015 y 2016 se detectaron 1400 aves electrocutadas en la provincia. Este dato estremecedor propició la campaña “Pon un tendido en tu punto de mira” de cara a crear un inventario de tendidos eléctricos potencialmente peligrosos, gracias a la colaboración de voluntarios/as que revisasen toda la infraestructura eléctrica. El objetivo de la campaña fue llamar la atención sobre el problema y exigir, tanto a la administración pública como a las compañías eléctricas, soluciones.

La jugada les salió bien y consiguieron el compromiso y la reacción de las eléctricas para ir arreglando o cerrando los puntos más peligrosos (que concentraban mayor número de muertes o alguna de una especie protegida) llegando a intervenir en 117 apoyos (torretas) en el primer año de acción.

Aunque la iniciativa surgió de la Sociedad Ibérica para el estudio y la conservación de los ecosistemas (SICE), en la actualidad, junto con otros colectivos, han conformado la Plataforma SOS Tendidos Eléctricos que actúa en todo el Estado y en cuya web podéis encontrar información interesante, incluyendo un manual para la identificación de tendidos eléctricos peligrosos.

Fuente: http://www.todoporhacer.org/2017/02/desequilibrando-el-medio/

5 February, 2017
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Un acaparamiento de 10 millones

Desde la revolución verde hasta nuestros días hemos visto la capacidad de expansión y desarrollo de la agricultura industrial y los negocios que mueve. Para alcanzar las cotas actuales se ha trabajado a fondo. A base de tratados de libre comercio se ha conseguido abolir cualquier frontera en favor del comercio agrícola, aunque sean transacciones innecesarias, insostenibles e ilógicas. Con los llamados ajustes estructurales se han desmantelado los sistemas agrarios nacionales aunque ello representara vulnerabilidad alimentaria para muchos territorios y sus correspondientes crisis. A partir de técnicas agrarias –como los transgénicos– y de leyes en favor de la privatización de las semillas, este mercado está concentrado en proporciones impensables, generando una inmensa pérdida de biodiversidad cultivada. De la misma manera se ha ido acaparando en muy pocas manos grandes extensiones de tierra fértil, junto con el agua de riego, que son la base del crecimiento de monocultivos –como la soja o la palma africana– que compiten ventajosamente frente a otros más necesarios. Y como estamos viendo en estos años, otro elemento fundamental para los negocios agrarios es asegurarse el control de la información sobre el clima, como pretenden desde Monsanto a John Deere.

Pero les queda una piedra en el zapato. La agricultura siempre acaba requiriendo mano de obra y trabajo de campo, aunque tecnológicamente pueda minimizarse y, siguiendo los mismos patrones descritos, ya estamos observando una verdadera carrera de las grandes transnacionales por ‘adueñarse’ del mayor número posible de campesinas y campesinos. Vendría a ser una suerte de acaparamiento de personas.

Siglos atrás esta necesidad se resolvía en forma de esclavismo agrario, unas maneras inhumanas que permitieron a las corporaciones de las metrópolis las grandes cosechas de productos de exportación como el azúcar, el caucho o los bananos. Ahora todo es, simplemente, más sutil. En Catalunya, donde yo vivo, conocemos bien la fórmula de la ganadería de integración, donde la implementación de modelos muy intensivos de engorde de cerdos y aves, con niveles de genética muy específicos, comporta que los otrora ganaderos independientes en sus propias fincas ahora son simples operarios de una cadena de montaje. Las compañías para las que trabajan les suministran los lechones o pollitos, les asignan un veterinario para que controle todo el proceso, les hacen comprar su pienso y su medicación y, finalmente, están obligados a vender a los animales engordados a la misma empresa. Súbditos en tiempos modernos.

Esta es una de las modalidades que podemos agrupar bajo el nombre de agricultura de contrato, que cada vez gana más presencia en todo el mundo y que desde instituciones como la FAO bendicen, pues dicen que evita riesgos para las y los agricultores. Es el caso también del programa Nueva Visión para la Agricultura, impulsado desde 2009 por el Foro Económico Mundial que, como explica el reciente informe de la fundación Grain, es una colaboración entre gobiernos y algunas de las compañías trasnacionales productoras de alimentos más grandes del mundo, como Nestlé, Pepsico, Cargill o Unilever, para implementar proyectos en África, América Latina y Asia que potencian la producción de un número pequeño de cultivos de alto valor comercial. El papel de los gobiernos y sus agencias públicas es convencer a las organizaciones campesinas para sumarse a estos programas e incluso apoyan económicamente la construcción de invernaderos, infraestructura de alta tecnología, semillas híbridas o agrotóxicos de las compañías en cuestión.

Es decir, le llaman Nueva Visión pero es un viejo paradigma. Logrando que las y los agricultores firmen contratos de exclusividad con ellas, las corporaciones ganan un mercado seguro y aseguran un abastecimiento de la materia prima que necesitan para la elaboración de sus alimentos procesados sin hundir, en ningún momento, las manos en la tierra.

Para las corporaciones sí que es un escenario seguro y será cada vez más habitual. De hecho aquí en México el programa Nueva Visión para el Desarrollo Agroalimentario se conoce como Vida y ya está en marcha con la participación de 40 compañías privadas y la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación en la parte pública. Según la información actual manifiesta tener 85 mil agricultores y agricultoras participantes en todo México, pero aspira a contar con la participación de 600 mil el próximo 2018.

A escala mundial, en los próximos tres a cinco años, se espera que formen parte de esta legión de agricultores esposados a compañías multinacionales un total de casi 10 millones de personas.

Imaginen en las granjas, los prados, los pueblos a todas sus gentes campesinas con el mismo logotipo en su indumentaria. Imaginen.

La Jornada de México. 4 de febrero de 2017. Gustavo Duch

20 December, 2016
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Detectan 33 plaguicidas disruptores endocrinos en alimentos a la venta en España

Los alimentos disponibles en el mercado español no sólo presentan abundantes restos de plaguicidas, sino que además entre ellos hay numerosos disruptores endocrinos. Ecologistas en Acción ha rastreado su presencia en los resultados del Programa de Control de Residuos de Plaguicidas de 2014 –elaborado por la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición tras analizar 2.384 muestras de productos alimentarios– y ha contabilizado residuos de 33 plaguicidas con propiedades de disrupción endocrina. Podrían ser muchos más: según alerta el grupo ecologista, este programa no analiza todos los plaguicidas en uso –dejando fuera, por ejemplo, el glifosato–, sólo analiza un número limitado de plaguicidas por alimento y limita el número de sustancias disruptoras endocrinas analizadas a 53, cuando la Comisión Europea maneja la cifra de 162 sustancias que son, o podrían ser, alteradores hormonales.

Los plaguicidas disruptores endocrinos que se han detectado con mayor frecuencia en los alimentos analizados son clorpirifós (presente en 20 alimentos), cipermetrina (en 14 alimentos), deltametrin (en 10 alimentos) y ditiocarbamatos (en 10 alimentos). Por grupos alimenticios, la mayor presencia de estas sustancias se ha detectado en las frutas y verduras, en las que se han detectado 119 plaguicidas, 30 de ellos disruptores endocrinos. Entre ellas, el alimento más contaminado son las peras –49 plaguicidas diferentes, de los que 13 son disruptores endocrinos–, seguidas por las manzanas con la misma cifra de disruptores endocrinos. En el arroz (el único cereal analizado), se han detectado 3 plaguicidas disruptores diferentes, mientras que entre los alimentos procesados los productos con mayor presencia de estas sustancias son la harina de trigo refinada y las conservas de alimentos vegetales. La miel y la grasa animal, en especial la ovina, encabezan la lista entre los alimentos de origen animal según el informe, que también destaca que no se ha detectado ningún residuo de disruptores endocrinos en los alimentos infantiles.

Ecologistas en Acción ha recogido estos resultados en el informe “Directo a tus hormonas. Guía de alimentos disruptores”. En él alerta de que, pese a que el 98% de las sustancias detectadas en estos análisis se encuentran dentro de los límites legales, esos límites no garantizan la protección de la salud frente a disruptores endocrinos, ya que estos pueden causar efectos a dosis de exposición muy bajas, pueden actuar de forma combinada y presentan efectos adversos que pueden manifestarse muchos años después de la exposición. Por ello, en el informe se reclama la aplicación de la normativa y la prohibición del uso de sustancias activas con propiedades de disrupción endocrina, al tiempo que se propone la transformación del sistema agrario industrializado en un sistema agroecológico como vía para reducir la exposición a plaguicidas a través de la alimentación y salvaguardar así, la salud de la población.

Informe de Ecologistas en Acción: “Directo a tus hormonas. Guía de alimentos disruptores”

 

Extraído de http://www.lafertilidaddelatierra.com

5 November, 2016
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Los cereales para el desayuno contienen pesticidas que alteran la función endocrina

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Los inquietantes resultados de Générations Futures EXPPERT survey 7 sobre los alimentos para el desayuno, el muesli, muestran la ubicuidad en el entorno cotidiano de los cócteles de los productos químicos con actividad disruptora endocrina, también conocidos disruptores endocrinos (EDC). Los resultados ponen de relieve la necesidad de que la Comisión Europea revise los criterios que recientemente ha propuesto para identificar los EDC de modo que sean efectivos para la protección de la salud.

[Traducción de la nota de prensa publicada por Health & Environment Alliance el 11/10/2016]

París, Bruselas, 11 de Octubre 2016 – El informe EXPPERT 7 aborda la exposición a los EDC a través de los alimentos consumidos en el desayuno, una comida considerada esencial. La alimentación es una de las vías más importantes de exposición para cualquier persona que no esté regularmente usando pesticidas.

La encuesta representa la séptima parte de la serie EXPPERT (EXposición a Pesticidas PERTurbadores endocrinos) acerca de pesticidas con efectos disruptores endocrinos. Es una iniciativa de Générations Futures, Francia, en colaboración con Health and Environment Alliance (HEAL) y Pesticides Action Network Europe (PAN-Europe).

Los EDC son sustancias, naturales o artificiales, que son ajenas al cuerpo humano. La exposición a estos químicos interfiere con el sistema endocrino e induce multiples efectos adversos en un individuo o en sus hijos o nietos. Muchos pesticidas o biocidas son probados EDC o están bajo fuertes sospechas de serlo.

Para demostrar la urgencia de las medidas preventivas en el ámbito de las alteraciones endocrinas, Générations Futures ha producido una serie de informes basados en el analisis de encuestas y estudios que muestran la omnipresencia de muchos EDC disruptores en nuestro entorno, lo que resulta en que la exposición humana es significativa (estos son los informes EXPPERT).

Générations Futures therefore focused on this popular consumer product – buying and analysing 15 packets of non-organic and five packets of organic cereal or muesli with fruit (or similar additions).

El septimo informe Exppert observa una de las principales vías de exposición para las personas que no manipulan pesticidas: la cadena alimentaria. El desayuno debería satisfacer una cuarta parte de las necesidades diarias de energía del cuerpo. Esta comida debe incluir cereales, mezclas de los cuales se pueden encontrar en el muesli. Por eso Générations Futures se centró en este popular producto de consumo, comprando y analizando 15 paquetes de productos no orgánicos y cinco paquetes de cereales orgánicos o muesli con fruta (o similares).

¡Aquí están los resultados finales!

El 100 por ciento de las muestras de los 15 productos no orgánicos contenían residuos de pesticidas, incluyendo trazas de sustancias sospechosas de ser EDC. Ninguna de las muestras de los cinco paquetes orgánicos contenía residuos de pesticidas.

Algunas cifras:

• En las 15 muestras de los paquetes no orgánicos probados, se encontraron 141 residuos, de los cuales se pudieron cuantificar las concentraciones de 70. De estos 141 residuos, se sospecha que 81 son EDC, el 57,44% del total.

• Se encontraron, de media, residuos de 9,4 pesticidas en cada muestra no orgánica (la muestra que contenía más residuos 14 y las que menos tenían 6). El promedio de residuos de pesticidas EDC fue de 4,6 en cada muestra no orgánica.

• De las 70 muestras no orgánicas que pudieron cuantificarse, la concentración media de residuos fue de 0,177 mg / kg por muestra. ¡Este nivel es 354 veces más alto que la concentración máxima permisible (MAC) tolerada en el agua potable para todos los pesticidas!

“Cada nuevo informe de nuestra asociación ha demostrado la urgencia de actuar. Estos hallazgos nuevamente revelan la exposición de la población a demasiados residuos de pesticidas que se sospechan EDC, que pueden actuar a dosis muy bajas,” dice Francois Veillerette, portavoz de Générations Futures. En junio, la Comisión Europea anunció sus criterios propuestos para la determinación de los EDC pero esta definición está lejos de lo que se necesita para proteger la salud de la población. La ubicuidad de los cócteles de EDC en el medio ambiente se confirma por el presente informe. Las conclusiones deben ser tomadas en cuenta por la Comisión Europea, que debería revisar sus criterios para que fueran verda

Fuente original: http://env-health.org/resources/press-releases/article/do-breakfast-cereals-contain 

20 October, 2016
by gcaj
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¿Qué peligros tiene el TTIP para el sector agroalimentario y para los ciudadanos?

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Amigos de la tierra ha publicado el informe elaborado por COAG “Impactos del TTIP en el sector agroalimentario español”.

En él se nos informa a los ciudadanos sobre los efectos del TTIP y CETA en varios ámbitos: desprotección el medio ambiente y la biodiversidad agrícola, precarización de las condiciones laborales de l@s agricultores/as, pérdida de la soberanía y seguridad alimentaria y daños a nuestra salud.

Actualmente se están negociando de forma paralela 2 tratados:

  • El Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP) entre Estados Unidos (EEUU) y Unión Europea (UE)
  • El Acuerdo de Libre Comercio (CETA) entre UE y Canadá

Estos dos tratados, si finalmente se aprueban, tendrían consecuencias graves tanto en el sector agroalimentario Español y Europeo como en los ciudadanos. ¿Por qué?. En síntesis, estos tratados contienen políticas hechas a medida para favorecer a las grandes multinacionales norteamericanas, lo que supondrá un aumento de la pobreza en España, un descenso de la calidad de los alimentos y de la seguridad alimentaria.

En cuanto a la agricultura, con estos tratados se eliminaría toda opción de que los países europeos puedan implantar políticas agrarias y alimentarias propias, la situación laboral de las personas que trabajan en el sector agroalimentario se va a precarizar y las normativas en cuestiones medioambientales también se van a ver negativamente afectadas.

En España en concreto y en Europa en general,  podrían entrar trigo de mala calidad, frutas y verduras con mayor cantidad de residuos de pesticidas, se permitiría la entrada de productos con aditivos que actualmente en Europa están prohibidos,  así como transgénicos producidos en EEUU. De hecho, el Gobierno de EEUU ha pedido que se aumente el umbral de trazas permitidas de transgénicos en alimentos y piensos. Pero además entrarán carnes producidas con hormonas y antibióticos, de animales clonados o leche con hormona de crecimiento. Se obviará el principio de precaución y nuestra salud y la del medio ambiente se podrían poner en peligro. Las posibilidades de conocer la trazabilidad de un alimento también se perderían.

Los sellos de calidad alimentaria como el D.O.P. (Denominación de Origen Protegida), I.G.P. (Indicación Geográfica Protegida) y E.T.G. (Especialidad Tradicional Garantizada) se perderían también.

La producción de alimentos en EEUU y UE son muy diferentes, en el primero apenas hay regulación que garantice de forma efectiva la seguridad de los alimentos. Sólo hay que ver un ejemplo del informe por el cual en EEUU las intoxicaciones alimentarias por la bacteria E. coli son un 5.300% más frecuentes que en Europa. Recordemos que esta bacteria puede causar la muerte en niños y ancianos.

Más motivos para apoyar la agricultura ecológica y local y saber qué estamos comiendo y cómo se ha producido.

No dejes de leer el informe para conocer más detalles sobre este tratado y cómo te afecta:

https://docs.google.com/viewerng/viewer?url=http://www.tierra.org/wp-content/uploads/2016/10/SEMBRANDO-P%C3%89RDIDAS-II-El-Impacto-del-TTIP-en-la-agricultura-y-la-ganaderia-espa%C3%B1olas.pdf

 

Extraído de http://www.ecoagricultor.com/

23 September, 2016
by gcaj
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MonBayer, la debilidad del dinosaurio

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Si los tribunales de la competencia no lo echan para atrás, el próximo año asistiremos al estreno de una nueva supermultinacional, MonBayer, o como decidan llamar a la fusión, entre Bayer y Monsanto después de que la primera haya comprado a la segunda. Y bien, ¿qué puede suponer esto?

Una primera respuesta se sitúa en la lógica habitual de lo que puede representar una empresa tan poderosa como indestructible. Encontramos a quienes lo valoran como un paso natural en el devenir de nuestro modelo económico, afirmando que con empresas así, con su «tecnología infinita», con su «capacidad de llegar a cualquier lugar», con su «eficiencia», todo será inmejorable. MonBayer, con sus semillas mágicas y pesticidas infalibles, será el dios que acabará con el hambre en el mundo y un sueño será cada vez más cercano: pedir comida vía Google desde nuestro apple, que sea servida pocos segundos después por un dron de Amazon y ser felices comiendo perdices MonBayer.

También encontramos a quienes, como muchos de mis colegas, explican que la aparición de esta corporación puede suponer resultados bastante trágicos. Después de la fusión entre Dow AgroSciencies y Dupont, y la fusión entre Syngenta y la empresa paraestatal ChemChina el pasado febrero, la operación entre Monsanto y Bayer deja el sector agrícola -el que nos da de comer- en manos de solo tres imperios, todos ellos, por cierto, vinculados desde su nacimiento no con la alimentación o la sanidad, sino con el sector químico (que bien supo encontrar sinergias con la industria de la guerra).

En concreto, en el negocio de las semillas, entre los tres controlan el 60% de las convencionales y casi el 100% de las transgénicas, y aseguran más del 65% de toda la producción de pesticidas. Como dice la investigadora Silvia Ribeiro de ETC, «nos tiene que preocupar la fuerza de estos gigantes industriales para moldear a su favor acuerdos de comercio agrícola, subvenciones y programas rurales, leyes laborales, de semillas y patentes, normativas de uso del suelo, de uso de agroquímicos y hasta gastos públicos en infraestructuras, todo a favor de sus negocios». Es la pérdida total de la capacidad de decidir respecto a nuestra agricultura y alimentación. Solo las abejas y otros insectos polinizadores pueden estar más preocupados que las personas que defendemos este derecho.

DOS MONSTRUOS

Pero, ¿hay algún resquicio que nos permita suponer que sumar dos monstruos en uno haga del nuevo Frankestéin algo tan enorme como frágil, patoso y débil? O, ¿puede ocurrir que estos tres dinosaurios, en su juego de tronos particular, peleen a muerte y el resultado final sea su total extinción?

Bien sabemos que el metabolismo de estas empresas funciona en base a un crecimiento continuo, entre otras cosas porque la devolución de los créditos con los que trabajan les obliga a ello. Hasta ahora buena parte del crecimiento lo han logrado ingiriendo a otras empresas, pero ese alimento se agota y ya se zamparon a las 7.000 pequeñas empresas de semillas que existían hace apenas 30 años. ¿Les queda canibalismo?

De la misma manera, se les acaba la facilidad de disponer a precio barato del ingrediente clave en todos los eslabones del negocio de la agricultura industrial: el petróleo. Pero también el producto por el que apuestan fuerte, los transgénicos, está encontrando techos que hacen que peligre el pago que la deuda de la nueva empresa va a tener que gestionar, unos 60.000 millones de euros. El glifosato, herbicida estrella que forma parte del paquete tecnológico de los cultivos transgénicos, está dejando de ser eficaz y ya se contabilizan 24 ‘malezas’ que lo resisten.

LA APUESTA TRANSGÉNICA

Tampoco le ha hecho ningún bien a sus ventas que haya sido declarado por la OMS como probable cancerígeno. Muchos de estos cultivos, por ejemplo el maíz en EEUU o Aragón, están dando productividades menores de lo esperado. Y desde luego la sociedad civil sigue marcando distancia con estos productos, de hecho la mayoría de países europeos no los autorizan. ¿Se juegan todo a la carta de que el TTIP permita nuevos cultivos transgénicos en Europa o a la entrada de estos desde EEUU?

En cualquier caso, como estamos hablando de lo más esencial, de la alimentación de todos, de la tierra que la permite, de la salud, de respetar el territorio y la cultura que nos acoge, requerimos de un esfuerzo colectivo y creativo para no esperar que los dinosaurios se arruinen en sus éxitos y sea con movilizaciones, boicots y el compromiso con la agricultura campesina, cercana y a pequeña escala, con lo que logremos que esta ocupe el espacio que le corresponde. Generar medios de vida que alimentan y cuidan el mundo.

Gustavo Duch

1 September, 2016
by gcaj
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Incendios capitalistas

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Cuando se plantean las diferencias entre los tipos de agricultura que se practican, para definir la agricultura que actualmente llena nuestros supermercados de comida artificial, con pesticidas y muchos kilómetros de petróleo en su mochila, me gusta sustituir el oxímoron de agricultura industrial por otro adjetivo, desde mi punto de vista, más certero: agricultura capitalista. En el caso de los incendios creo que este término vuelve a ser el más apropiado porque si bien hoy es difícil desgajar entre incendios naturales o incendios provocados, cuando muchos elementos se superponen, prácticamente todos se podrían incluir en este nuevo género de incendios capitalistas.

De hecho, no se extrañen si en las próximas semanas -lamentablemente- los fuegos que explicarán los medios de comunicación superarán en mucho los que estos días están describiendo en Castellón, Galicia o más lejos, California. Como en los últimos años, las pantallas mostrarán vía satélite en las selvas de Borneo y Sumatra, miles de chimeneas excretando toneladas de humo que como un gran paraguas cubrirán el cielo de toda Indonesia y partes de otros países colindantes. Y estos incendios, los más grandes y más graves del Planeta, son cien por cien fuegos capitalistas pues detrás de ellos encontramos a las grandes industrias de la alimentación preparadas con retoños de palma africana para hacer de esas zonas inmensas plantaciones que permitirán con la extracción de su aceite elaborar todo tipo de comida preparada: bollería, masas de pizza, supuesto queso rallado, margarinas, pastas de cacao, etc. Un negocio descomunal que, decía, junto a los incendios por intereses madereros, especulativos de la construcción, para el embolso de ayudas agrícolas o incluso por el negocio de la extinción de los mismos incendios, lideraría este colectivo de quemas provocadas por íntimas ansias del capital.

Pero también, y eso es preocupante, los incendios sin cerilla crecen en la medida que se expande este capitalismo que salta todas las vallas que tantas personas no tienen permiso para traspasar. Como explica Ramón P. Yelo en el número 24 de la revista Soberanía Alimentaria en un artículo que analiza los fuegos del invierno pasado en Cantabria, “la configuración actual del paisaje hunde sus raíces en la actividad agroganadera tradicional” y esta panorámica en apenas 50 años ha cambiado de forma drástica en la medida que la agricultura que era cultura y sustento se ha transformado en un negocio sin más.

Las pequeñas parcelas o terrazas de policultivos en el norte peninsular, combinadas con prados y bosques de pino o carballo; los campos de cebada o trigo que son mareas en tierras de secano; o los muros de piedra seca delimitadores de puzzles agrícolas mediterráneos son, efectivamente, las mayores obras de arte colectiva de la humanidad, como escuché y no recuerdo a quien. Pero donde habitaban viejos bosques ahora tenemos monocultivos de eucaliptos de mecha fácil; donde pastaba el ganado que limpia y ramonea el bosque ahora tenemos botellas de refrescos, cartones y otros despojos de barbacoas; donde se cultivaban huertos ahora se levantan rotondas y polígonos; pero, sobretodo, donde teníamos personas campesinas trabajando diariamente, en vidas enraizadas en una comunidad, en pequeños pueblos con las ventanas abiertas y atentas a cualquier humareda, ahora tenemos vacíos.

Vacíos que se pueden contabilizar pues el supuesto avance de la modernización de la agricultura ha hecho que ésta perdiera su peso económico, social y cultural en nuestros territorios, siendo actualmente su contribución al Producto Interior Bruto de un exiguo 2,5 % y la población activa agraria, que hace treinta años suponía el 20 % del total, no llega al 4% sin dejar de descender.

Vacíos que son el oxígeno que alimenta un mal fuego y que si somos capaces de llenarlo volviendo a los pueblos, recuperando una agricultura campesina, cuidadosa y local que sea la base de nuestra alimentación, tendremos en marcha la mejor política de prevención de incendios posible. Leyes de la química.

Gustavo Duch

17 August, 2016
by gcaj
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Buenas semillas

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“Siembra buena semilla y ponte a cosechar que en este mundo loco todo puede pasar”, es el estribillo de Cuándo será, una bella canción del grupo argentino colombiano Che Sudaka. Y cuánta verdad porque, como estamos viendo en los últimos años, por toda América Latina se están replicando peligrosos decretos para “aniquilar el campo”, siguiendo con los versos de estos amigos que disfruto en Barcelona.

El turno le ha llegado a Ecuador donde se está discutiendo una nueva Ley de Semillas con intereses claros de priorizar y apoyar la expansión del uniforme ejército de semillas certificadas y transgénicas que comercializan empresas como Monsanto o Syngenta. En el caso de Ecuador la locura se agrava doblemente cuando pensamos, por un lado, en los riesgos que esta expansión puede suponer para la biodiversidad de su territorio, donde se sabe que la población está utilizando más de 5 mil 100 especies vegetales y, por otro, porque, como recuerda la Red de Semillas de Ecuador, su país “no es firmante del tratado UPOV 91″ (convenio internacional que obliga a crear sistemas nacionales de control de semillas, con catálogos llenos de requisitos técnicos donde en la práctica ingresan mayoritariamente semillas comerciales híbridas y transgénicas, mientras el resto es excluido), bien al contrario, su Constitución, con una visión diametralmente opuesta y desde el reconocimiento de la necesidad de soberanía alimentaria, “hace responsable al Estado de promover la preservación y recuperación de la agrobiodiversidad y de los saberes ancestrales vinculados a ella, así como el uso, la conservación e intercambio libre de semillas”.

Cuando vayas donde vayas todo son vallas, leer la palabra libre en una Constitución es equivalente a ese rayo de sol que hace que la semilla acostada en la tierra decida despertar. “La semilla es un bien común que pertenece a la humanidad”, dice la declaración de la Red de Semillas, “y no puede ser objeto de apropiación por parte de intereses privados, ni por parte del Estado. Al igual que el aire, el sol o la sonrisa de nuestros hijos, pertenece por igual a cada ser humano sobre el planeta. El acceso a la semilla es un derecho humano básico, e incluye el derecho a adquirir, adaptar, mejorar, multiplicar, intercambiar, regalar y vender”.

Los argumentos que esgrimen quienes desean enjaular a las semillas nativas, criollas, autónomas y soberanas, aunque los disfracen de científicos, tampoco tienen validez. Cuando el mundo sigue produciendo mucha más materia agrícola que la necesaria para alimentar a la población, la supuesta mayor productividad de las semillas certificadas o transgénicas no es necesaria ni trascendente. Pero si de productividad queremos seguir discutiendo hay que puntualizar que el hecho de que un campo produzca más o menos depende de muchos factores, sí, y entre ellos la semilla, pero el fundamental es la calidad de la tierra y es el modelo de agricultura industrial el que realmente lo agota con las prácticas asociadas a las exigencias del cultivo de dichas semillas. Sin olvidar que con los cambios climáticos que están llegando es fundamental la capacidad de adaptarse a miles de diferentes condiciones y ahí, de nuevo, las semillas criollas y locales son las más apropiadas. También ha quedado demostrado que los paisajes dibujados por una agricultura biodiversa son más resilientes a plagas y enfermedades que los monocultivos grises y envenenados que emanan del cultivo de las semillas industriales que la ley quiere primar.

Finalmente, es un posicionamiento entre riqueza y pobreza. Defender la pobreza de diversidad de las semillas certificadas como base de la agricultura de un país es defender la riqueza que en los bolsillos de las multinacionales de la alimentación se puede acumular. Defender la riqueza cultural, ecológica, patrimonial de las semillas libres es defender la posibilidad de que la Vida siga reproduciéndose.

Y el posicionamiento campesino es claro: “NO debe imponerse ninguna forma de regulación, registro o certificación a las semillas nativas; NO debe limitarse el derecho de la población a guardar, transportar, intercambiar y vender sus semillas; NO debe declararse a la semilla ‘recurso estratégico del Estado’ ni en ninguna otra categorización que atente contra la propiedad y el libre uso de la semilla por parte de los pueblos y nacionalidades. En cambio, SÍ debe imponerse un control a las semillas de tipo industrial, manejadas por empresas de grandes capitales; SÍ debe mantenerse la prohibición constitucional a los transgénicos y reglamentarse mediante la creación de los organismos de regulación pertinentes y sanciones. SÍ debe mantenerse la prohibición constitucional de otorgar derechos de propiedad intelectual (patentes) sobre organismos vivos y conocimientos ancestrales.”

NO a sus locuras.

 

Extraído de https://gustavoduch.wordpress.com