Grupo de Consumo Autogestionado de Jaén

Los productos ecológicos: Una alternativa beneficiosa y necesaria

A día de hoy, es una realidad palpable el interés (cada vez mayor) que muestra la gente por los productos ecológicos. Todos hemos podido comprobar como desde hace unos años hasta ahora han proliferado en nuestras ciudades y pueblos herboristerías, médicos naturistas y diversas tiendas especializadas en productos ecológicos. Esto no es más que el resultado de una preocupación creciente de las personas por su salud y la del planeta.

Desde el fin de la II Guerra Mundial, la posterior creación del “estado del bienestar” y el avance progresivo de la técnica, el sistema capitalista ha centrado la mayoría de sus esfuerzos en el aumento exponencial de la cantidad de bienes y servicios producidos y la creación a su vez de necesidades artificiales para elevar la demanda y aumentar los beneficios. Esta lógica enfermiza del capital nos ha llevado a la sociedad actual (la sociedad de consumo) en donde lo importante no es la salud (física y psíquica) de las personas o la sostenibilidad del planeta sino el aumento de las ganancias por encima de cualquier otra cosa. El ser humano ha pasado a ser un consumidor ante todo.

A esta lógica no podía escapar, como es natural, la alimentación como pilar fundamental de la economía. Y es que ésta está profundamente marcada por la producción en serie, el uso continuado de productos químicos como plaguicidas, herbicidas y fertilizantes, prácticas dañinas para la tierra como la extensión del monocultivo, manipulaciones genéticas (OMG), granjas que más parecen campos de concentración que otra cosa y el uso de antibióticos y hormonas en los animales como consecuencia de ello, etc. Todo esto para elevar la productividad a costa de la calidad.

Ante este panorama tan desalentador surge la agricultura ecológica como sistema de cultivo respetuoso con la salud de las personas y con el medio ambiente al prescindir de forma consciente de productos químicos y la utilización óptima de los recursos naturales a nuestro alcance para la producción de alimentos de una manera sostenible y equilibrada.
Se ha criticado con frecuencia a la agricultura ecológica por su menor capacidad de producción de alimentos en comparación con la agricultura convencional al no utilizar químicos, pero no es menos cierto que los alimentos provenientes de la primera son de una calidad y un sabor incomparablemente mejores que los provenientes de la segunda ya que al emplear técnicas naturales los consumidores de tales productos estamos libres de alergias, intoxicaciones y variedad de trastornos y enfermedades como el cáncer proveniente de toxinas y residuos que van a parar a nuestro organismo como consecuencia de la ingesta continuada de químicos sintéticos. A parte de esto, al ser alimentos en los que se respeta su tiempo de maduración y crecimiento, contienen unas propiedades nutricionales mucho mayores y básicas para el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo.

Este tipo de agricultura es un sistema global de gestión de la producción, que incrementa y realza la salud de los agrosistemas, inclusive la diversidad biológica, los ciclos biológicos y la actividad biológica del suelo. Esto se consigue aplicando métodos agronómicos, biológicos y mecánicos, en contraposición a la utilización de materiales sintéticos para desempeñar cualquier función específica del sistema. Esta forma de producción, además de contemplar el aspecto ecológico, incluye en su filosofía el mejoramiento de las condiciones de vida de sus practicantes, de tal forma que su objetivo se apega a lograr la sustentabilidad integral del sistema de producción agrícola o sea, constituirse como un agrosistema social, ecológico y económicamente sustentable.

Dicho esto, también conviene resaltar que no es oro todo lo que reluce. Allí donde hay una oportunidad en forma de negocio encontraremos al “libre mercado” con su potente aparato político-militar detrás. Y es que, en la actualidad, la mayoría de la agricultura ecológica “oficial” está en manos de grandes empresas capitalistas subvencionadas fuertemente por los diferentes Estados, destinadas mayoritariamente a la exportación (con la utilización de circuitos largos de comercialización y enormes cadenas de intermediarios que todo ello conlleva), con grandes latifundios donde abunda el monocultivo que tan dañino resulta para la riqueza orgánica de la tierra y la extensión de las plagas, por no hablar de los precios abusivos que engordan sus cuentas de ganancias (más rentable en ocasiones que la agricultura convencional). A todo esto habría que añadir que las empresas certificadoras de lo ecológico no avisan en muchos productos de la utilización sistemática de sustancias (permitidas) tóxicas para el organismo como el cobre para combatir ciertas plagas o el uso para el riego de aguas altamente contaminadas.

A pesar de todo ello, son indudables los beneficios en cuanto a salud y medio ambiente se refiere, de una agricultura sobre otra. Lo que no quiere decir que no nos opongamos frontalmente y con espíritu crítico, a ciertas prácticas antes mencionadas que lo ecológico mantiene producto de su actuación en el marco de un sistema depredador y asesino como es el capitalista.
Sin embargo, muchos de estos “inconvenientes” pueden reducirse actuando en y desde lo local, mediante grupos y cooperativas de consumo autogestionadas, manteniendo contacto directo con pequeños productores, conociendo de primera mano la métodos que tienen de trabajar la tierra, colaborando incluso con ellos a través de circuitos cortos de comercialización, con un precio justo tanto para el agricultor como para el consumidor y estableciendo una red de relaciones basadas en el apoyo mutuo y la solidaridad.

Está en nuestra mano cambiar la lógica de los mercados en cuanto a la alimentación se refiere, pero sin olvidar que esto supone únicamente un paso necesario pero insuficiente para derribar esa alambrada que mantiene atenazado el mundo, manteniéndolo sumido en una atmósfera de opresión y desigualdad a todos los niveles y que tarde o temprano conseguiremos destruir. Cuanto antes empecemos, antes lo conseguiremos.

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