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Bioconstrucción: Somos lo que habitamos

El cobijo es algo que todos necesitamos, casi tan imprescindible como la comida o el vestido. Es en esencia nuestra segunda piel.

Ha evolucionado desde la cueva al rascacielos; y en ese peregrinaje ha pasado de ser confortable, adecuado al clima, hecho con los materiales que tenemos a mano y construido de manera intuitiva, a ser algo ajeno, y en la mayoría de los casos poco o nada se relacionan con el confort y el ecosistema local.

Este cambio en la forma de construir ha generado una importante huella ecológica, contribuyendo de manera significativa a la contaminación ambiental.

Considerando que una casa de tamaño medio usa más de 20 toneladas de cemento, se necesitarían por cada una de ellas cinco hectáreas de bosque para poder contrarrestar sólo los efectos de la contaminación causada por el dióxido de carbono, sin contar todas las demás consecuencias de su fabricación, como la generación de dioxinas (compuestos orgánicos persistentes, cancerigenos, bioacumulables, incoloros, inodoros, disruptores hormonales y altamente tóxicos) que igualmente generan la fabricación de acero y pvc entre otros. Esto significa que para que este planeta sobreviva necesitamos más bosques que casas.

La lista de contaminantes emitidos por concepto de construcción convencional es interminable: plomo en pinturas, tóxicos volátiles en disolventes, pegamentos, plásticos y un enorme consumo de combustibles fósiles.

La bioconstrucción, la construcción natural o ecológica comparten con la medicina natural o la agricultura orgánica una manera de entender la vida desde la conciencia de nuestra responsabilidad ambiental; «somos lo que habitamos» y la propuesta es construir un cobijo saludable sin destruir el entorno.

En permacultura, la bioconstrucción la vemos aplicada en la zona cero donde se enriquece con el resto de las zonas y comparte con el diseño permacultural diversas herramientas, siendo una de las más valiosas la observación de los ciclos naturales, del movimiento del Sol, de la dirección del viento, del tipo de suelo, de la vegetación nativa; en fin, de todo aquello que nos sirva para poder decidir la orientación, la selección de materiales, la vegetación circundante y hasta la forma que le daremos.

Los elementos naturales y el ecosistema local definen el diseño de la casa. La bioconstrucción nos invita a utilizar materiales locales, tanto por ser los más adecuados al clima, como por el ahorro de combustibles, al no tener que transformarlos y transportarlos grandes distancias.

Las técnicas constructivas empleadas en la bioconstrucción son aquellas que permiten tener una casa saludable, hermosa, confortable y duradera. La elección de las técnicas es muy importante, ya que tenemos que tomar en cuenta la disponibilidad de los materiales y los efectos bioclimáticos que queramos lograr.

Así, por ejemplo, mientras los muros de tierra (adobe, cob, tapia, etc.) son una termomasa, es decir, que acumulan calor y luego lo liberan, las pacas de pája son un excelente aislante, el cual guardará el calor o el frío que las ventanas o puertas proporcionen. Aislar perfectamente los techos también es indispensable para aprovechar mejor las cualidades de los muros; hay muchas formas de lograrlo, desde paja-arcilla hasta un techo verde, que además de climatizar la casa proporciona alimentos y aire puro.

Los retoques, repellos o terminados tienen que ser permeables, al igual que nuestra piel, para permitir que la casa transpire. Los podemos hacer de paja molida, lodo y baba de nopal, de yeso o un hermoso fresco con cal y arcilla. Las casas rebocadas con cal son pequeños captadores de carbono, ya que al completarse el ciclo de la cal, ésta absorbe cantidades importantes de dióxido de carbono, que le ayudan a conseguir la firmeza y durabilidad que tienen las cales maduras. La madera se puede proteger con aceite de linaza, de naranja o hasta de oliva, combinadas con parafina o cera de abeja.

Para integrarnos mejor a los ciclos naturales deberíamos dormirnos cuando se acaba la luz natural y despertar con los primeros rayos del Sol. Así, con unas ventanas bien diseñadas tendríamos resuelto el problema de iluminación. Pero como la dinámica ha cambiado y prolongamos nuestras actividades por la noche, el uso de energías alternativas permite solucionar esto. La energía solar es una de las más accesibles hoy en día, seguida por la eólica.

El ahorro, captación, almacenamiento, tratamiento y reciclaje del agua es uno de los pilares de la bioconstrucción. Tenemos que reducir drásticamente nuestro consumo de agua; hoy por hoy el consumo doméstico es uno de los más altos de todas las actividades humanas, por lo que sobra decir de la necesidad de contar en nuestra casa con un sanitario ecológico seco.

Todos podemos ser constructores naturales, recuperar nuestra capacidad innata de construir, sólo hay que atreverse y disfrutar del proceso de construcción de nuestra propia casa.

En resumen, la bioconstrucción posee cuatro principios básicos:

  1. Ahorro de energía.
  2. Reducir la contaminación atmosférica y electromagnética.
  3. Evitar los materiales tóxicos.
  4. Maximizar el reciclaje.

 

redpermacultura

Artículo extraído de la web ECOAGRICULTOR

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