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La biodiversidad agrícola amenazada

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unnamedLa relación de los humanos con las plantas se remonta a tiempos antiguos; las sociedades cazadoras-recolectoras ya cosechaban las plantas y semillas silvestres como fuente de alimento o medicina. Hace unos 10.000 años, esta relación se estrecha: se empieza a desarrollar la agricultura. Desde entonces, los humanos han ido seleccionando las semillas de las plantas con las características más deseables (sabor, forma, tamaño, o resistencia a plagas, enfermedades o adversidades climáticas, etc.), pasándolas de mano en mano durante miles de años hasta desarrollar las plantas cultivadas que conocemos hoy en día.

Las plantas que encontramos en nuestras huertas tienen orígenes geográficos concretos; con las migraciones humanas durante la historia, los diferentes cultivos se fueron dispersando por el planeta. Las variedades evolucionaron en manos de los/as campesinos/as, que seleccionaban las que mejor se adaptaban a las condiciones locales, creándose así las variedades tradicionales locales. Los orígenes geográficos conocidos de algunas de las especies cultivadas que conocemos son:

 

  • China: nabo, lechuga, espinaca, naranjo, melocotonero.
  • Indo-Malasia: algodón, arroz, berenjena.
  • Asia central: melón, lenteja, almendro, zanahoria.
  • Oriente próximo: col, alfalfa, avena.
  • Mediterráneo:  garbanzos, trigo duro, olivo, acelga.
  • Centroamérica: maíz, girasol.
  • Sudamérica : patatas, calabazas, tomates, pimiento, judías.

  

PÉRDIDA DE BIODIVERDIDAD AGRÍCOLA 

Aunque existan unas 30.000 plantas conocidas con interés alimentario para los humanos, actualmente sólo 20 suponen el 80% de la alimentación mundial, de las cuales 3 (trigo, arroz y maíz) representan el 40%.

Durante el siglo XX desapareció el 75% de la diversidad genética de las plantas con interés alimentario, según datos de la FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura de la ONU). Por ejemplo, en el siglo XIX se conocían más de 1.300 variedades de trigo; a finales del siglo XX solo quedaban registradas 83. Antes de la Revolución Industrial, en la India existían más de 30.000 variedades de arroz; hoy en día se cultivan mayoritariamente unas 10.

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¿ Cuales son las causas de la pérdida de biodiversidad agrícola?

Las principales causas son la aparición de innovaciones o legislaciones relacionadas con la modernización e industrialización de la agricultura en el s. XX (la Revolución Verde, el Registro Europeo de Semillas, y los transgénicos agrícolas), así como las intervenciones destructivas de los humanos en el medio natural:

  • La “Revolución Verde”. Se llama así a la supuesta “modernización y mejora” de la agricultura: la etapa entre 1950-1970 en la que se introdujeron los productos químicos (pesticidas, herbicidas, fertilizantes, etc.) y las semillas híbridas F1 en el mundo agrícola, hasta entonces tradicional. Las semillas híbridas se desarrollaron buscando características más adecuadas para el nuevo sistema de industrialización agrícola y comercialización, como resistencia a cosecha mecanizada y transportes a largas distancia, y la uniformidad. Fueron sustituyendo a las variedades locales, que habían sido seleccionadas por el campesinado por su diversidad, resistencias, resiliencia y sabor. No es posible sacar buena semilla de los híbridos F1, por lo que se debe comprar la semilla cada año; las empresas de semillas empezaron a dedicarse más a este tipo de semillas que les proporcionaba un negocio seguro.
  • La legislación, como el Registro Europeo de Variedades creado en los años 80, que amalgamó las listas de variedades de los diferentes estados miembros. Según esta legislación, para comercializar las semillas éstas deben estar inscritas en el registro, pasando unos tests de uniformidad, distinción y estabilidad:
    • Las semillas tradicionales no cumplen estos requisitos, al no ser 100% estables o uniformes (razón que las hace más resistentes a posibles cambios ambientales, enfermedades o plagas).
    • Muchas de las semillas tradicionales tampoco pasan el test de distinción: al ser similares en apariencia (pero tal vez con propiedades o resistencias diferentes) se consideran sinónimos y sólo se registra uno, perdiendo un valioso banco de genes. Por ejemplo, 2 tomates rojos y redondos, iguales en apariencia: sólo se inscribiría uno, pero se podría dar el caso de que la variedad no registrada presentara propiedades diferentes, como resistencia a ciertas enfermedades o ciertas cualidades nutritivas, con lo cual éstas se perderían.
    • El elevado coste de los tests supuso que muchas pequeñas casas de semillas no pudieran permitirse registrar sus variedades.
    • En total se perdieron miles de variedades.

 

  • La Revolución Biotecnológica que comenzó en los años 90, con la aplicación de patentes sobre las plantas y la introducción de las semillas transgénicas. Éstas son semillas, creadas en laboratorios, a las cuales se les ha modificado o insertado un gen, en ocasiones genes de otros reinos como el animal, lo cual no pasaría nunca en la naturaleza. Los cultivos mayoritarios en el mundo son soja, maíz, algodón y colza. Al estar patentadas, no es posible guardar la semilla y se debe comprar cada año, por lo que las grandes empresas de semillas se están dedicando más a este tipo de semillas, desplazando aún más a las variedades tradicionales. Además, se produce contaminación genética de los cultivos transgénicos a los convencionales y ecológicos, un tipo de contaminación irreversible, con la consecuente pérdida de variedades.

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Efectos de la perdida de agrobiodiversidad:

  • La erosión genética producida quiere decir que los cultivos son más uniformes, con un banco genético más pequeño; esto, y el hecho de que las semillas ya no sean producidas localmente, las hace más vulnerables a plagas, enfermedades o perturbaciones climáticas. Esta vulnerabilidad implica riesgos de pérdida de la cosecha, así como el incremento en el uso de productos químicos (con las consecuencias ambientales y de salud asociadas; incluso la Organización Mundial de la Salud ha reconocido recientemente el efecto cancerígeno y potencialmente cancerígeno de algunas sustancias presentes en herbicidas, como el glifosato).

 

  • La sustitución de variedades tradicionales por híbridas o transgénicas provoca la dependencia del campesinado respecto de las multinacionales, ya que no pueden guardarse la semilla y deben comprarla cada año (junto al pack de productos químicos asociados), y el precio de las modernizadas es mucho más elevado que el de las tradicionales. En la Índia, por ejemplo, hay miles de suicidios anuales de campesinos que en muchos casos ven fallar sus cosechas de algodón transgénico, por lo que no tienen recursos para alimentar a sus familias, ni para pagar los créditos solicitados para comprar todo el pack de semillas y agroquímicos.

 

  • Esta pérdida de diversidad supone también una reducción en la diversidad de sabores, colores, formas y texturas de los alimentos, así como la pérdida de las diferentes propiedades nutricionales o medicinales que conllevan.

 

EL MERCADO MUNDIAL DE LAS SEMILLAS

Actualmente sólo 10 compañías controlan el 75% del mercado de semillas, y en algunos casos éstas también producen productos agroquímicos y farmacéuticos. Sólo las 3 primeras controlan más de la mitad del mercado: Monsanto (27% del mercado mundial de semillas), DuPont (17%) y Syngenta (9%). Que las semillas – el inicio de la cadena alimentaria – estén en manos de tan pocas multinacionales (algunas de estas relacionadas con materiales bélicos, como Monsanto y el Agente Naranja, o Bayer (I.G.Farben) y los gases de los campos de concentración nazis) resulta una amenaza para la seguridad alimentaria de la humanidad: la alimentación, una necesidad básica, está prácticamente privatizada.

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Hay muy pocos recursos destinados a la investigación o desarrollo de variedades tradicionales. Al poderse guardar el campesino/a la semilla de éstas, no garantizan la creación de beneficios económicos para quienes las desarrolle o mantenga, por lo tanto las empresas privadas dedican más recursos a desarrollar híbridos F1 o transgénicos. Los gobiernos no están destinando apenas recursos públicos. Pero, por suerte, en muchos países existen pequeños bancos de semillas que protegen estas variedades. Algunos están organizados en redes, como la “Red de semillas, Resembrando e Intercambiando” en el Estado Español. Son iniciativas no gubernamentales y en muchos casos funcionan gracias al voluntariado y a las donaciones. ¡Dales tu apoyo! Y cuando sea posible, busca o escoge semillas de variedades tradicionales… ¡y guarda y comparte tus propias semillas!

 

¿POR QUÉ GUARDAR SEMILLAS DE VARIEDADES TRADICIONALES?

  1. Para la biodiversidad

La biodiversidad es más que sólo un conjunto de genes, es la totalidad de organismos vivos de los ecosistemas así como las complejas interrelaciones que se establecen entre ellos. Ya hemos perdido el 75% de la agrobiodiversidad, un valioso banco de genes pero también todas estas complejas interrelaciones asociadas, que en muchos casos desconocemos pero que tienen una razón de ser, como todo en la naturaleza; debemos procurar que este número no aumente.

 

  1. Para la seguridad alimentaria y libertad de elección

Cuanto mayor sea la diversidad de los cultivos, mayores son las opciones de resistencia o recuperación ante posibles cambios ambientales, o ante ataques de plagas o enfermedades, contribuyendo así a la seguridad alimentaria de los humanos. Además, guardando semillas de variedades locales contribuimos a recuperar y mantener la diversidad de cultivos, con la diversidad de colores, formas, texturas, y los sabores más intensos.

Las semillas son la base del sistema de producción de alimentos, y deben estar en manos de quienes trabajan con y para la tierra, no de unas pocas multinacionales que siguen sus intereses privados. Sin semillas tradicionales, la autonomía de los/as campesinos/as es imposible.

 

  1. Por el medio ambiente y la salud

Las variedades modernas son más dependientes de productos químicos, nocivos para la naturaleza, flora y fauna, contaminando el suelo y las aguas, etc. Todo esto también supone una amenaza para nuestra salud. Las semillas tradicionales, al estar más adaptadas a las condiciones locales y al presentar más resistencias al ataque de plagas y enfermedades, no requieren de agroquímicos; por lo tanto, son una base importante para la agricultura ecológica.

 

  1. Para la autosuficiencia

Las semillas tradicionales están asociadas a un modelo agrícola tradicional que utiliza los recursos locales y al alcance. Además, se pueden reproducir sin necesidad de dinero: basta el conocimiento del antiguo arte de guardar las semillas, un poco de tierra, trabajarla con cuidado, ¡y las plantas hacen el resto!

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  1. Para preservar el legado cultural y evolucionar

Las semillas tradicionales son un legado del pasado, repletas de historias de los diferentes lugares de origen; son parte de nuestra historia, que ha ido pasando de mano en mano durante miles de años. Pero son un legado vivo, por lo tanto no podemos guardarlas en un armario y olvidarnos: las tenemos que mantener y preservar vivas en los campos para poder dejarlas a las futuras generaciones.

Nuestros cultivos y plantas necesitan evolucionar para adaptarse a un medio ambiente en constante evolución, por lo que esta responsabilidad cae en las manos de agricultores/as y guardianes/as de semillas de todo el mundo.

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